Mostrando entradas con la etiqueta Tierra Hueca. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Tierra Hueca. Mostrar todas las entradas

lunes, 16 de febrero de 2015

La tierra hueca: El mayor descubrimiento geográfico en la historia dela humanidad

La tierra hueca: El mayor descubrimiento geográfico en la historia dela humanidad






EL DESCUBRIMIENTO DEL ALMIRANTE BYRD QUE MARCÓ UNA ÉPOCA


“Ese Continente encantado en el Cielo. ¡Tierra del Misterio Eterno!”


“Me gustaría ver esta tierra más allá del Polo (Norte). ¡Esa área más allá del Polo es el centro del Gran Desconocido!” Contralmirante Richard E. Byrd.


LAS DOS CITAS anteriores son del más importante explorador de los tiempos modernos, el Contralmirante Richard E. Byrd, de la Armada de los Estados Unidos. No se les puede encontrar sentido ni comprender de acuerdo a las viejas teorías geográficas de que la tierra es una esfera sólida con un centro inflamado, en la que los dos polos son puntos fijos. Si este fuera el caso, y si el Almirante Byrd voló respectivamente 2.740 y 3.710 kilómetros a través de los Polos Norte y Sur a las tierras de hielo y nieve del otro lado —cuya geografía se conoce—, resultaría incomprensible que él mencionara en su comentario este territorio como “el Gran Desconocido”. Además, no habría razón para que empleara un término como “tierra del misterio eterno”. Byrd no era poeta, y lo que describió fue lo que observó desde el avión.


Durante el vuelo ártico de 2.740 kilómetros más allá del Polo Norte, informó por radio que debajo de él no había hielo y nieve, sino áreas de montañas, bosques, vegetación, lagos, ríos y que veía animales extraños parecidos a los mamuts congelados encontrados en hielo ártico. Resulta evidente que había entrado en una región más cálida que el territorio de hielo que se extiende desde el Polo a Siberia. Si Byrd se hubiera referido a esta región no tendría razón para llamarla “el Gran Desconocido”, ya que se puede alcanzar con sólo atravesar el Polo de un lado de la región ártica al otro.


La única forma de comprender las frases enigmáticas de Byrd es descartar la concepción tradicional de la formación del planeta y considerar una, completamente nueva, que sostiene que las extremidades ártica y antártica no son convexas sino cóncavas.


Por lo tanto, al ir más allá de los polos, Byrd entró en las concavidades polares. Es decir, que no cruzó los polos hacia el otro lado, sino que entró a la depresión polar, que, como veremos más adelante, se abre al interior hueco de la tierra. Tiene un clima tropical y es el hogar de plantas, animales y humanos. Este es el “Gran Desconocido” al que se refería Byrd, no el área de nieve y hielo del otro lado del Polo Norte, que se extiende al norte de Siberia.


La nueva teoría geográfica, presentada por primera vez en este libro, explica las frases enigmáticas de Byrd y muestra que no fue un soñador, como puede parecerles a aquellos que se aferran a teorías geográficas antiguas. Había entrado a un territorio nuevo, “desconocido” porque no estaba en ningún mapa, porque todos los mapas fueron hechos sobre la base de la creencia de que la tierra es esférica y sólida. Ya que casi todas las tierras en esa esfera sólida fueron exploradas y registradas por los exploradores polares, no había lugar para el territorio descubierto por el Almirante Byrd: ¡un área tan grande como América del Norte!, que él llamó el Gran Desconocido.





Este misterio sólo se puede resolver si aceptamos el concepto básico de la formación de la tierra presentado en este libro y apoyado por las observaciones de los exploradores árticos, que se citarán en este trabajo. De acuerdo a este concepto revolucionario, la tierra no es una esfera sólida, sino que es hueca, con aberturas en los polos.


El Almirante Byrd entró por ellas por una distancia de 6.450 kilómetros durante sus expediciones ártica y antártica de 1947 y 1956. El “Gran Desconocido” al que se refería Byrd era la extensión sin hielo dentro de las concavidades polares, abiertas al interior hueco de la tierra.


Si este concepto es acertado, como trataremos de probar, los Polos Norte y Sur no existen, ya que estarían ubicados en el aire, en el centro de las aberturas polares, y no en la superficie terrestre. Esta visión se presentó por primera vez en un libro llamado Phantom ofthe Potes(Fantasma de los Polos), de William Reed, publicado en 1906, poco tiempo después de que el Almirante Peary afirmó descubrir el Polo Norte y luego lo negó.


En 1920, se publicó otro libro, escrito por Marshall Gardner, llamado A Journey to the Earth’s Interior or Have the Poles Really Been Discovered? (Un viaje al interior de la Tierra o ¿los polos de veras fueron descubiertos?), que reclamaba la autoría de la misma teoría.


Resulta curioso que Gardner no tuviera conocimiento alguno del libro de Reed y llegara a sus conclusiones en forma independiente. Ambos decían que la Tierra es hueca, con aberturas en los polos y que, en su interior, vive una vasta población de millones de habitantes, que conforman una civilización avanzada. Es probable que este sea el “Gran Desconocido” al que hacía referencia Byrd.


Una vez más, aclararé que Byrd no pudo tener en mente ninguna parte de la superficie conocida de la tierra cuando dijo estas palabras, sino que habló de una área de tierra desconocida, libre de hielo y nieve, con vegetación, bosques y vida animal, que no existe en ningún lado en la superficie terrestre, sino dentro de la depresión polar, y que recibe el calor del interior hueco, donde hay temperaturas más altas que en la superficie con la que está comunicada. Sólo en base a este concepto, entenderemos los comentarios de Byrd.


En enero de 1956, el Almirante dirigió otra expedición al Antártico, donde penetró 3.700 kilómetros más allá del Polo Sur. El anuncio por radio de ese momento (13 de enero de 1956) fue: “El 13 de enero, miembros de la expedición de los Estados Unidos penetraron en una extensión de 3.700 kilómetros más allá del Polo. El aviador era el Contralmirante George Dufek de la Unidad Aeronaval de los Estados Unidos.”


La palabra “más allá” es muy significativa y resultará incomprensible para aquellos que creen en la antigua concepción de que la tierra es sólida. Para ellos, significaría la región del otro lado del continente antártico y el océano que queda más allá, no un “vasto territorio nuevo” —que no está en ningún mapa— ni sería “la más importante expedición de la historia del mundo”. La geografía de la Antártida es bastante conocida, y el Almirante Byrd no agregó nada significativo al conocimiento sobre este continente.


Si este fuera el caso, ¿por qué hizo comentarios tan descabellados y faltos de pruebas, en especial si tomamos en cuenta su posición como contralmirante de la Armada de los Estados Unidos y su reputación de gran explorador? Este enigma se resuelve cuando comprendemos la nueva teoría de la Tierra Hueca, que es la única manera de encontrar sentido en las palabras del Almirante Byrd y no considerarlo un visionario que vio espejismos en las regiones polares o los imaginó.


Después de volver de la expedición antártica el 13 de marzo de 1956, Byrd comentó: “La presente expedición ha abierto una vasta tierra nueva”. La palabra “tierra” es significativa. No se pudo referir a alguna parte del continente antártico, ya que ninguna consiste en “tierra”, sino hielo. Además, la geografía es conocida, y Byrd no hizo ningún aporte, como otros exploradores que dejaron sus nombres como recuerdos en la geografía de esta región.


Si Byrd hubiera descubierto una vasta área nueva en la Antártida, la habría reclamado para el gobierno de los Estados Unidos, y la región llevaría su nombre, como lo habría llevado el territorio que habría cubierto con el vuelo de 2.740 kilómetros entre el Polo y Siberia, si éste hubiera estado en la superficie terrestre.


Sin embargo, no se acredita tal logro al gran explorador y su nombre no quedó en la geografía ártica o antártica como podría presumirse de sus palabras sobre el descubrimiento de una vasta nueva tierra. Si su expedición antártica hubiera abierto una nueva e inmensa región en este continente congelado, no sería apropiado emplear la palabra “tierra”, que significa una región sin hielo similar a la que Byrd sobrevoló por 2.740 kilómetros más allá del Polo Norte, provista de vegetación, bosques y vida animal. Por lo tanto, podemos deducir que su expedición de 1956 de más de 3.700 kilómetros más allá del Polo Sur fue en territorio sin hielo, no registrado en ningún mapa, y tampoco sobre alguna parte del continente antártico.


El año siguiente, en 1957, antes de su muerte, Byrd llamó a esta tierra más allá del Polo Sur (no “hielo” del otro lado): “aquel continente encantado en el cielo, la tierra del misterio permanente”. No pudo decir esto al referirse a la parte congelada del continente antártico que está del otro lado del Polo Sur. Las palabras “misterio permanente” debieron referirse a otra cosa: al territorio más cálido, que no aparece en el mapa y está dentro del interior de la Abertura del Polo Sur, que conduce al interior hueco de la tierra.


La expresión «aquel encantado continente en el cielo” se refiere a un área de tierra, no de hielo, reflejada en el cielo que actúa como espejo, un fenómeno extraño observado por muchos exploradores polares. Ellos hablan de “la isla en el cielo” o el “cielo de agua”, ya sea que se refleje tierra o agua. Si Byrd hubiera visto el reflejo de agua o hielo, no habría empleado la palabra “continente” o “encantado”. La última palabra era porque, de acuerdo a las concepciones geográficas de aceptación general, el continente que Byrd vio reflejado en el cielo —donde glóbulos de agua actúan como un espejo de la superficie subyacente— no podía existir.


Citaremos a Ray Palmer, editor de la revista Flying Saucers (Platillos voladores) y el mayor experto de los Estados Unidos en platillos voladores, que piensa que los descubrimientos del Almirante Byrd en el Ártico y la Antártida ofrecen una explicación acerca del origen de los platillos voladores.


Él cree que no provienen de otros planetas, sino del interior de la tierra, donde existe una civilización mucho más avanzada que la nuestra en aeronáutica, la que utiliza platillos voladores para viajes aéreos, que salen al exterior a través de las aberturas polares. Palmer explica esta opinión de la siguiente manera: “¿Cuánto conocemos la tierra? ¿Hay algún área en ella que se pueda considerar como el posible origen de los platillos voladores? Existen dos. Las dos áreas de principal importancia son la Antártida y el Ártico.


Los dos vuelos del Almirante Byrd por encima de los dos polos prueban que hay algo raro en la forma de la tierra en ambas áreas. Byrd voló al Polo Norte, pero no se detuvo allí para dar la vuelta, sino que siguió 2.740 kilómetros más allá y luego siguió el mismo camino de vuelta a la base ártica (debido a la poca gasolina restante). A medida que hacía progresos más allá del punto del Polo, se veía tierra sin hielos, lagos, montañas cubiertas de árboles e, inclusive, se vio un animal monstruoso, parecido al mamut de la antigüedad, que se movía entre la vegetación.


Los tripulantes del avión informaron todo esto por radio. El avión sobrevoló tierra, montañas, árboles, lagos y ríos por casi la totalidad de los 2.740 kilómetros. ¿Qué era esta tierra desconocida? Byrd, al viajar hacia el norte, penetró en el hueco interior de la tierra a través de la abertura polar. Más tarde, la expedición fue al Polo Sur y, después de pasarlo, siguió 3.700 kilómetros más allá.


Una vez más, penetramos en una tierra desconocida y misteriosa que no aparece en los mapas actuales. Y otra vez no aparecen anuncios después del primero —debido al ocultamiento oficial de esas noticias (autor)— y, más extraño aún, encontramos que millones de personas en el mundo absorben los anuncios y no sienten ninguna curiosidad al respecto.


Por lo tanto, éstos son los hechos: en los dos polos, existen vastas áreas de tierra desconocida, habitables, que deben ser de extensión inmensa y engloban una área mayor que cualquiera conocida en la extensión continental. La tierra misteriosa del Polo Norte que vieron Byrd y su tripulación es por lo menos de 2.740 kilómetros en dirección transversal y no se puede concebir como una mera tira angosta. ¡Es un área tal vez tan grande como todo el territorio de los Estados Unidos! En el caso del Polo Sur, la tierra atravesada más allá del Polo incluye un área tan grande como América del Norte y el continente del Polo Sur en conjunto. Los platillos voladores podrían provenir de estas dos tierras desconocidas, más allá de los polos. En la opinión de los editores de Flying Saucers, nadie puede probar que no existen estas tierras, dados los hechos de las dos expediciones que describimos.”


Si el Contralmirante Byrd afirmó que su expedición al Polo Sur era “la expedición más .importante en la historia del mundo”, y si después de volver, dijo que “la presente expedición ha abierto una nueva y vasta tierra”, resultaría extraño e inexplicable cómo el descubrimiento de un área tan grande como América del Norte, comparable al descubrimiento de América por Colón, no recibió atención y fue olvidado; que desde los más ignorantes hasta los más informados no supieron nada al respecto.


La única respuesta racional a este misterio es que, después del anuncio breve en la prensa de los Estados Unidos, basado en el informe radial de Byrd, el gobierno evitó más publicidad.


Byrd trabajaba para el Gobierno, que tenía razones políticas para no dar a conocer al mundo este nuevo descubrimiento histórico; pues el Almirante había descubierto dos áreas desconocidas de tierra, que medían un total de 6.450 kilómetros de ancho y probablemente era tan grande como América del Norte y del Sur juntas, ya que el avión de Byrd dio la vuelta sin llegar al final del territorio.


Resulta evidente que el gobierno de los Estados Unidos temía que otro gobierno se enterara del descubrimiento y condujera vuelos similares hasta mucho más allá de donde llegó Byrd, y que tal vez reclamara este territorio como propio.


Con respecto a la declaración de Byrd en 1957, poco antes de su muerte, en la que llamó al nuevo territorio “aquel continente encantado en el cielo” y “la tierra del misterio eterno”, Palmer dice lo siguiente: “Si tomamos en cuenta todo esto, ¿resulta sorprendente que todas las naciones del mundo de repente hayan tomado tan intenso interés por la región polar sur —en especial— y la norte, y que hayan enviado tantas exploraciones?” Palmer concluye que esta nueva tierra descubierta por Byrd, que no figura en ningún mapa, existe en el interior —y no en el exterior— de la tierra, ya que la geografía de la parte externa es conocida, mientras que la interna —dentro de las depresiones polares— es “desconocida”. Por esa razón, Byrd la llamó “el Gran Desconocido”.


Después de discutir la importancia de que Byrd usara el término “más allá” del polo, en vez de “cruzando” el Polo al otro lado del Ártico o Antártida, Palmer concluye que Byrd se refería a un área de tierra desconocida, dentro de la concavidad polar y que se continuaba con el interior de la tierra, una zona más cálida donde hay vegetación y vida animal. Es “desconocida” porque no está en la superficie externa y, por lo tanto, no está registrada en ningún mapa.


Palmer escribió:


“En febrero de 1947, el Almirante Richard E. Byrd, el único hombre que trató lo mejor que pudo de hacer que se conociera el área del Polo Norte, comentó lo siguiente: ‘Me gustaría ver la tierra más allá del Polo. Aquella área es el centro del Gran Desconocido’.


Millones de personas leyeron este comentario en los diarios; millones se entusiasmaron con el vuelo del Almirante al Polo, a un punto 2.740 kilómetros más allá; millones escucharon la emisión radial que describía el vuelo, también publicada en los periódicos. ¿Qué tierra era? Revise su mapa; calcule la distancia desde todos los territorios que mencionamos antes: Siberia, Spitzbergen, Alaska, Canadá, Finlandia, Noruega, Groenlandia e Islandia.


Muchos de ellos están dentro de los 2.740 kilómetros de distancia, pero ninguno dentro de los 320 kilómetros del polo. Byrd sobrevoló un territorio desconocido. El mismo lo llamó ‘el gran desconocido’; ¡y de veras es grande! Pues después de 2.740 kilómetros de vuelo, tuvo que regresar porque le faltaba gasolina y ¡aún no había llegado al final! Debió llegar a la ‘civilización’, y no lo hizo; debió ver sólo el océano cubierto de hielo, o algunas porciones de océano descubierto cuando mucho.


Sin embargo, ¡vio montañas cubiertas de bosques! ¡Bosques!¡Increíble! El límite más septentrional de la presencia de vegetación arbórea es el sur de Alaska, Canadá y Siberia. ¡Al norte de esa línea no crece ningún árbol! No hay árboles dentro de un radio de 2.740 kilómetros del polo. ¿Qué conclusión sacamos?


El autenticado vuelo del Almirante Richard E. Byrd a una tierra más allá del Polo que tanto quería ver, porque era el centro del gran desconocido, el centro del misterio. Por lo visto, su deseo se cumplió; sin embargo, en la actualidad, esta tierra misteriosa no se menciona en ninguna parte. ¿Por qué? ¿Aquel vuelo de 1947 fue una ficción? ¿Mintieron todos los periódicos? ¿La radio del avión de Byrd mintió?


No, el Almirante Byrd sí voló más allá del polo. ¿Más allá? ¿Qué quiso decir el Almirante cuando empleó esa palabra? ¿Cómo es posible ir ‘más allá’ del polo? Imaginemos por un momento que algún medio milagroso nos transporta al punto exacto del polo norte magnético. Llegamos en forma inmediata, sin saber en qué dirección vinimos. Sólo sabemos que iremos a Spitzbergen, pero ¿para qué lado queda, qué dirección tomamos? Al sur, por supuesto.


Pero, ¿hacia qué sur? ¡Todas las direcciones son sur desde el Polo Norte! En realidad, este es un problema de navegación simple. Todas las expediciones al polo, por vuelo, por submarino o a pie, enfrentan el mismo problema. Tienen que retroceder por el mismo camino que llegaron o descubrir qué dirección es la correcta para su objetivo. El problema se soluciona con doblar en cualquier dirección y recorrer más o menos 30 kilómetros; luego las personas se detienen, miden las estrellas, las relacionan con la lectura de la brújula —que ya no apunta hacia abajo, sino hacia el Polo Norte Magnético— y trazan el curso en el mapa. En esa instancia, resulta sencillo dirigirse a Spitzbergen si se va hacia el sur.


El Almirante Byrd no siguió este procedimiento tradicional de navegación. Cuando llegó al polo, siguió por 2.740 kilómetros más. Continuó hacía el norte después de cruzar el polo. Aunque resulte curioso, está registrado que lo logró, por que si no, no habría visto ‘la tierra más allá del polo’, que los periódicos, libros, la radio y el conocimiento popular indican que ¡nunca se volvió a visitar! Aquella tierra, según los mapas actuales, no puede existir.


Sin embargo, como sí existe, sólo podemos pensar que esos mapas son incorrectos, incompletos y no representan la realidad del hemisferio norte. Entonces, localizamos una gran masa de tierra en el norte, que no aparece en ningún mapa, y que es el centro del Gran Desconocido. De esto debemos inferir que la extensión de 2.740 kilómetros recorrida por Byrd es sólo una porción del territorio completo.”


Un descubrimiento tan importante, que Bvrd calificó como el más importante de la historia del mundo, debió darse a conocer a todos, si el Gobierno no hubiera retenido toda información al respecto, a punto tal, que casi cayó en el olvido absoluto, hasta que Giannini lo mencionó en su libro Worlds Beyond the Poles (Mundos más allá de los polos), publicado en Nueva York en 1959. Asimismo, el libro, por alguna extraña razón, no fue publicitado por el editor y no fue conocido.


Al final del mismo año 1959, Ray Palmer, editor de la revista Flying Saucers, leyó una copia del libro de Giannini y dio publicidad al descubrimiento del Almirante Byrd. Muy impresionado por el libro, en diciembre de ese año publicó la información en su revista, que se vendía en los kioscos de periódicos en todo el territorio de los Estados Unidos. Luego sucedieron una serie de incidentes extraños, que indicaban que fuerzas secretas intentaban impedir que saliera la información contenida en la edición de diciembre de la revista.


¿Quiénes son estas fuerzas secretas, que tienen una razón especial para ocultar la información sobre el gran descubrimiento del Almirante Byrd? Resulta obvio que son las mismas que impidieron la salida de información después de que Byrd realizó tal descubrimiento —excepto por un breve anuncio radial— y antes de que Giannini publicara la primera información al respecto en 1959, doce años después del descubrimiento.


El anuncio de Palmer sobre los descubrimientos de Byrd en el Ártico y la Antártida fue una época de publicidad en gran escala, desde que se oyó el breve anuncio en el momento del vuelo, y fue mucho más significativa en las citas y los comentarios del libro de Giannini, que no tuvo publicidad adecuada y terminó con escasas ventas. Por esta razón, poco después de que la edición de diciembre de Flying Saucers saliera a los kioscos y estuviera preparada para enviar a los suscriptores desapareció de circulación en forma misteriosa.


Es obvio que fue obra de las mismas fuerzas que impedían la publicación de esta información desde 1947. Cuando el camión llegó para entregar al editor las revistas que venían de imprenta, ¡no había revistas en el camión! El editor (el señor Palmer) llamó por teléfono al impresor y descubrió que no había recibo de que se hubiera hecho un envío. Como había pagado las revistas el editor pidió al impresor nuevas copias, pero las matrices no estaban disponibles y aparecían tan dañadas que no fue posible hacerlo. ¿Dónde estaban las miles de revistas? ¿Por qué no había recibo de envío? Si se hubieran perdido o enviado a una dirección errónea, tendrían que haber aparecido, pero no fue así.


Como resultado, 5000 suscriptores no recibieron la revista. Un distribuidor que recibió 750 copias para vender en su kiosco, desapareció junto con las revistas. Las había recibido con el encargo de devolver las que no se vendieran, pero nunca se recuperaron. Ya que la revista desapareció por completo, se volvió a publicar y se envió a los suscriptores varios meses más tarde.


¿Qué contenía esta revista para que fuerzas secretas e invisibles la censuraran de tal manera? Un informe sobre el vuelo del Almirante Byrd más allá del Polo Norte en 1946, y conocimientos que se habían suprimido, excepto por la mención en el libro de Giannini. Evidentemente, las fuerzas secretas consideraron peligrosa la edición de diciembre de 1959.


Tenían una razón especial para retener la información y mantenerla en secreto. Esta edición de la revista Flying Saucers contenía las siguientes citas del libro de Giannini: “Desde el 12 de diciembre de 1929, las expediciones polares de la Armada de los Estados Unidos han determinado la existencia de una extensión de tierra incalculable más allá de los puntos polares.


“El 13 de enero de 1956, durante la preparación de este libro, una unidad aérea de los Estados Unidos penetró una extensión de 3.700 kilómetros más allá del presunto final de la tierra, el Polo Sur. Tal vuelo se realizó en todo momento, sobre tierra y agua y hielo. Por razones sustanciales, el memorable vuelo recibió una cobertura de prensa negligente.


“Los Estados Unidos y más de treinta naciones más prepararon expediciones polares sin precedentes para el bienio 1957 y 1958, con el fin de penetrar en la extensión que ahora se ha probado, continúa más allá de los puntos polares. Mi revelación original de 1926 a 1928, de la tierra entonces desconocida, fue calificada por la prensa, como ‘más atrevida que cualquier concepción de Julio Verne’.” Luego Giannini citó las siguientes declaraciones del Almirante Byrd, que transcribirnos antes: «Febrero de 1947: ‘Me gustaría ver aquella tierra más allá del polo. Es el centro del Gran Desconocido’. Contralmirante Byrd, Armada de los Estados Unidos, antes de su vuelo de siete horas sobre el territorio más allá del Polo Norte.


“El 13 de enero de 1956: ‘El 13 de enero, miembros de la expedición de los Estados Unidos realizaron un vuelo de 4.350 kilómetros desde la base en McMurdo Sound, que está a 650 kilómetros al oeste del Polo Sur, y penetraron un una extensión de tierra de 3.700 kilómetros más allá del polo’. Anuncio radial confirmado por la prensa el 5 de febrero.


“El 13 de marzo de 1956: ‘La presente expedición ha abierto una vasta tierra nueva’. Almirante Byrd, después de volver de la tierra más allá del Polo Sur.


“1957: ‘Aquel continente encantado en el cielo, tierra del misterio eterno’. Almirante Byrd.”


El mundo científico no prestó atención al libro de Giannini. La extraña y revolucionaria teoría que presentaba fue ignorada, por excéntrica en vez de científica. Sin embargo, las afirmaciones del Almirante Byrd sólo cobran sentido si se acepta la concepción de la existencia de la tierra más allá de los polos, como hizo Giannini. El escribe:


“No hay un final físico de las extremidades norte y sur de la tierra. Esta no se puede circunnavegar en dirección norte o sur en el sentido real de la palabra. Sin embargo, algunos vuelos ‘alrededor del mundo’ han contribuido a esta concepción errónea. Es imposible pasar por sobre el Polo Norte hasta alcanzar las áreas septentrionales de temperatura templada sin dar la vuelta, pues no existe una extremidad norte de la tierra. Lo mismo es válido para el Polo Sur.


La existencia de mundos más allá de los polos ha sido confirmada por exploraciones de la Armada de los Estados Unidos durante los últimos treinta años. La confirmación es sustancial. El explorador más anciano del mundo, Contralmirante Richard Evelyn Byrd, comandó la memorable expedición gubernamental a esa tierra interminable más allá del Polo Sur.


Antes de su partida de San Francisco, hizo un anuncio radial de gran trascendencia: ‘Esta es la expedición más importante en la historia del mundo’. En la expedición del 13 de enero de 1956, que penetró en la tierra más allá del polo por una extensión de 3.700 kilómetros, probó que no exageraba.”


Palmer escribe los siguientes comentarios en su revista sobre las afirmaciones de Giannini con respecto a seguir de largo del Polo Norte y llegar al otro lado del mundo, que sería el caso si la Tierra fuera convexa, en vez de cóncava, en los polos:


“Muchos de los lectores dijeron que los vuelos comerciales cruzan el polo y vuelan al lado opuesto de la Tierra. Esto no es cierto. Aunque los oficiales de las líneas aéreas digan que sí, no es verdad. Realizan maniobras de navegación que eliminan en forma automática todo vuelo en línea recta más allá del polo. Pregunte a los pilotos sobre estos vuelos polares; o trate de nombrar un vuelo para el cual usted pueda comparar así que cruza el Polo Norte.


Si examinamos la ruta de los vuelos que cruzan el área polar norte, encontraremos que todos van alrededor o a un costado, pero nunca lo cruzan en forma directa. Esto resulta extraño. Podemos estar seguros de que un vuelo que cruce el Polo Norte atraería muchos pasajeros que quisieran tener la experiencia. Sin embargo, ninguna línea aérea lo ofrece, siempre pasan a un costado del polo. ¿Por qué? ¿No es posible que si lo cruzaran en forma directa, en vez de aterrizar en el lado opuesto de la tierra, el avión entraría en la tierra más allá del polo, ‘el centro del Gran Desconocido’, como lo llamó el almirante Byrd?”.


Palmer sugiere que se organice una expedición que viaje en línea recta al norte y continúe en esa dirección después de llegar al Polo Norte, que él cree es el centro de la concavidad polar y no una tierra sólida. Se debe seguir la misma ruta que el Almirante Byrd y continuar en esa dirección hasta llegar al interior hueco de la tierra.


Esto nunca se hizo a pesar de que la armada de los Estados Unidos tiene en sus archivos el registro de los vuelos y descubrimientos de Byrd. Tal vez la razón sea que los jefes de la Armada no compartían la nueva concepción geográfica de la formación de la tierra en las regiones polares, que hay que aceptar para apreciar la significación de la evidencia de Byrd, y la dejaron a un lado hasta olvidarla.


El comentario de más arriba, de Palmer, que sostiene que las líneas aéreas no sobrevuelan el Polo Norte, parece razonable al tener en cuenta nuevos descubrimientos soviéticos sobre el Polo Norte Magnético. Encontraron que no era un punto, sino una línea larga, se cree que una línea circular, que constituye el borde de la concavidad polar. Es decir, que se le puede decir Polo Norte Magnético a cualquier punto en este círculo porque, en ese lugar, la aguja de la brújula apunta hacia abajo.


Si fuera así, resultaría imposible que los aviones cruzaran el Polo Norte —el centro de la depresión polar, no la superficie de la tierra— como indica la teoría de la tierra sólida y la formación convexa del polo. Cuando los pilotos creen llegar al Polo Norte por la lectura de la brújula, en realidad, están en el borde de la concavidad polar, donde está el verdadero Polo Norte Magnético.


En otra referencia al libro de Giannini, Palmer comenta: “El extraño libro escrito por Giannini ofrece la posibilidad de probar en forma definitiva que la tierra tiene una forma extraña en el Polo Norte, del mismo modo que creemos ocurre con el Polo Sur: no necesariamente con un agujero que llega de lado a lado, sino como una rosca que se hinchó tanto durante la cocción que el agujero se transformó en sólo una profunda depresión a cada lado, o como un neumático gigante montada en un cubo sólido con tapacubos ahuecados. Ningún ser humano ha podido volar directamente sobre el Polo Norte y seguir en línea recta. El editor cree que se debe hacer de inmediato. Tenemos los aviones para llevarlo a cabo.


El editor quiere saber con seguridad si un vuelo semejante terminaría en uno de los países que rodean el Polo Norte, en el lugar opuesto al punto de salida. La navegación no se haría de acuerdo a una brújula o con triangulación en mapas existentes, sino solamente con brújula giroscópica en un curso recto sin desviaciones desde el momento del despegue hasta el de aterrizaje. No sólo habría una brújula giroscópica en un plano horizontal, sino en uno vertical también después de entrar en la abertura polar. Debe haber un movimiento positivo hacia adelante que no se puede discutir.


Todos saben que una brújula giroscópica horizontal, como las que se utilizan en la actualidad, hace que un avión aumente la elevación en forma constante a medida que avanza, y se aleja —en forma de curva— de la tierra debajo de él.


De acuerdo a nuestra teoría de la depresión polar, cuando el avión entra en la depresión, la brújula debería mostrar un mayor aumento de elevación que en otro caso, debido a que la tierra se aleja en forma de curva en el Polo Norte. Si el avión continúa en dirección norte, este aumento en altitud seguirá cuanto más se aleje; y si el avión trata de mantener la misma altitud, doblará hacia el interior hueco de la tierra.”


Los siguientes comentarios de Giannini, escritos en una carta a un lector que se interesó en él a través de la revista de Palmer, son de gran interés: “El autor recibió el permiso de la oficina de Investigación naval de Nueva York, de transmitir un mensaje de buen viaje por radio al Contralmirante Richard Evelyn Byrd, de la Armada de los Estados Unidos, en su base ártica en febrero de 1947.


En ese momento, el Almirante anunció por la prensa: ‘Me gustaría ver la tierra más allá del polo. Es el centro del Gran Desconocido’. Luego, él y un equipo naval realizaron un vuelo de 2.740 kilómetros sobre la tierra que se extendía más allá del supuesto Polo Norte ‘final’ de la tierra.


En enero de 1947, antes del vuelo, este autor pudo vender una serie de artículos periodísticos a un sindicato internacional de medios, porque este autor aseguró al director de dicho sindicato que Byrd de veras iría más allá del imaginario extremo del Polo Norte.


Como resultado del conocimiento previo que el autor tenía de la tierra, hasta ese momento desconocida, que se extendía más allá de los puntos del polo, y luego de que los medios sindicados publicaron la noticia, la oficina de inteligencia naval de los Estados Unidos investigó a este autor. Esta investigación se debió a la confirmación definitiva de las teorías del autor por parte de Byrd.


Más tarde, en marzo de 1958, en Missouri, este autor se dirigió a la audiencia radial, comentando la importancia del descubrimiento de la tierra más allá de los puntos imaginarios del Polo Norte de acuerdo a la historia arcaica.”


Los siguientes son comentarios de Giannini, que aparecían en los periódicos de Nueva York, con respecto a los informes del vuelo del Almirante Byrd en febrero de 1947: “Estas declaraciones describieron el vuelo de 2.740 kilómetros de Byrd, que duró siete horas, sobre tierra y lagos de agua dulce MAS ALLÁ del presunto ‘final’ de la tierra, el Polo Norte. Los mensajes se intensificaron hasta que una censura estricta se impuso desde Washington.”


Otro escritor estadounidense especializado en temas de platillos voladores, Michael X, se sintió conmovido por los descubrimientos de Byrd y llegó a la conclusión de que los platillos voladores deben provenir de una civilización avanzada del interior de la tierra, cuya periferia visitó Byrd. El describe el viaje de Byrd de la siguiente manera: “Había un valle extraño debajo de ellos. Por alguna extraña razón, el valle que Byrd vio no estaba cubierto de hielo como era de esperar. Era verde y frondoso; tenía montañas con bosques llenos de árboles y hierba y maleza.


Esto era un misterio en una tierra de hielo y nieve, casi siempre congelada. Cuando el Almirante Byrd entró en este país desconocido, ‘el centro del gran desconocido’, ¿dónde se encontraba? De acuerdo a la teoría de Marshall Gardner, estaba en la entrada que lleva al interior de la tierra, más allá del Polo. Tanto Alaska como Canadá han tenido muchísimas visiones de platillos voladores en los últimos meses. ¿A qué se deben?


¿Existe alguna conexión con la tierra ‘más allá del polo’, ese territorio desconocido dentro de la tierra? Tiene que existir una conexión. Si los platillos voladores entran y salen del interior de la tierra a través de las aberturas polares, es natural que los habitantes de Alaska y Canadá los vean con más frecuencia que personas de otras partes del mundo. Ambos países quedan cerca del Polo Norte.”


Las observaciones anteriores sobre una concentración de platillos voladores en la región ártica concuerda con observaciones similares de Jarrold y Bender sobre una concentración en el Antártico, donde expertos en el tema creen que existe una base de aterrizaje, de donde son vistos al ascender y al regresar. Sin embargo, de acuerdo a la teoría de este libro, lo que de veras ocurre tanto en el Ártico como en el Antártico es que los platillos voladores emergen de y reingresan al interior hueco de la tierra, su verdadero lugar de origen. Aime Michel, en su teoría de “línea recta”, probó que la mayoría de los patrones de vuelo de los platillos voladores son en dirección norte-sur, que sería el caso si su origen fuera polar. Vendrían de la abertura polar norte o sur.


En febrero de 1947, alrededor de la época en que el Almirante Byrd hizo su gran descubrimiento de la tierra más allá del Polo Norte, se realizó otro gran descubrimiento en el continente antártico: el “Oasis de Bunger”. El descubrimiento fue del Teniente Comandante David Bunger, que estaba en los controles de los seis grandes aviones de transporte utilizados por el almirante Byrd para la “Operación salto alto” de la Armada de los Estados Unidos entre 1946 y 1947.


Bunger volaba hacia el interior desde Shack-leton Ice Shelf cerca de la Costa Queen Mary de Wükes Land. El y su equipo estaban a seis kilómetros de la costa donde empieza el mar abierto. La tierra descubierta por Bunger no tenía hielo. Los lagos eran de muchos colores diferentes, por ejemplo el color del óxido, verde y azul profundo. Cada uno tenía más de cinco kilómetros de largo. Bunger “acuatizó” en uno de ellos y comprobó que el agua era más cálida que la del océano. Cada lago tenía una playa con una leve inclinación.


Alrededor de los cuatro límites del oasis, de forma aproximadamente cuadrada, vio nieve y hielo que seguían hasta el horizonte. Dos de los lados del oasis se elevaban casi 30 metros y consistían en grandes paredes de hielo. Los otros dos lados tenían una inclinación más gradual y suave.


La existencia de un oasis semejante en la Antártida lejana, una tierra de hielo perpetuo, indica condiciones más cálidas, que se darían si el oasis estuviera en la abertura del Polo Sur, que da al territorio interno, de condiciones más cálidas. Este era el caso del territorio cálido, de tierra y lagos, que descubrió Byrd más allá del Polo Norte. (Es probable que estuviera dentro de la abertura.)


De otro modo, no se explicaría la existencia de un oasis de tierras no congeladas en el medio del continente de la Antártida, donde hay hielo con kilómetros de grosor. El oasis no puede resultar de la actividad volcánica debajo de la superficie terrestre porque el área de tierra que cubría el oasis era de 500 kilómetros cuadrados, demasiado grande para obtener su provisión de calor de un volcán. Las corrientes de vientos cálidos del interior de la tierra son una mejor explicación.


Por lo tanto, Byrd en el Ártico y Bunger en la Antártida hicieron descubrimientos similares de áreas de tierra más allá de los polos más o menos en el mismo momento, en la primera mitad de 1947. Pero no fueron los únicos que realizaron descubrimientos semejantes. Hace algún tiempo, un periódico de Toronto, Canadá, The Globe and Maü, publicó una fotografía de un valle verde. La foto fue tomada por un aviador en la región ártica, desde el aire y sin intentar aterrizar. Era un valle hermoso con colinas verdes. El aviador debió seguir más allá del Polo Norte hasta el mismo territorio cálido que visitó el Almirante Byrd, dentro de la abertura polar. La foto se publicó en 1960.


Encontramos más confirmación del descubrimiento de Byrd en los informes de los individuos que afirmaban haber entrado en la abertura del Polo Norte, pues muchos exploradores del Ártico, sin darse cuenta, penetraron en el mundo subterráneo en el interior hueco de la tierra. El doctor Nephi Cottom de Los Angeles dijo que uno de sus pacientes, un hombre de ascendencia nórdica, le contó la siguiente historia:


“Yo vivía cerca del Círculo Ártico en Noruega. Un verano, un amigo y yo nos decidimos a ir lo más lejos posible al territorio del norte. Colocamos provisiones para un mes en un pequeño bote de pesca y, con una vela y un buen motor, salimos al mar. Al final de un mes, habíamos penetrado bastante en el norte, más allá del polo, en una extraña y nueva región. Nos sorprendimos mucho porque el clima era cálido, a veces, demasiado para dormir. (Exploradores del Ártico que llegan muy al norte hacen comentarios similares del clima, a veces tan cálido como para quitarse los abrigos. El autor.) Luego vimos algo tan extraño que quedamos anonadados. Más allá de un mar calido abierto veíamos que estábamos en una gran montaña.


El océano parecía vaciarse en la montaña en un punto determinado. Sin poder creerlo, seguimos en la misma dirección y navegamos hasta entrar en un vasto cañón, que llevaba al interior de la Tierra. Continuamos y tuvimos una increíble visión: ¡un sol brillaba dentro de la Tierra! El océano que nos había llevado hasta el interior hueco de la Tierra se convirtió en un río.


Este río recorría, como nos dimos cuenta después, todo el interior hueco de la tierra, de una punta a la otra, por la superficie interna. Si uno lo sigue, va desde el Polo Norte hasta el Sur. Vimos que la superficie interna de la tierra estaba dividida, así como la otra, en tierra y agua. Hay mucho sol y abunda tanto la vida animal como vegetal.


Navegamos más y más dentro de esta tierra fantástica, la llamo así porque todo era de un tamaño inmenso en comparación con el exterior. Las plantas son grandes, los árboles gigantes, y, por último, llegamos a los gigantes. Vivían en casas y pueblos, así como lo hacemos en la superficie de la Tierra. Utilizaban una forma de vehículo eléctrico, como una carreta monorriel, para transportar a las personas. Corría por el borde del río, de un pueblo a otro. Algunos de estos habitantes detectaron nuestro bote y se sorprendieron. Eran muy amistosos; nos invitaron a comer con ellos en sus casas. Así, mi compañero y yo nos separamos: él se fue con un gigante a su casa y yo con otro.


Mi amigo gigante me llevó a su casa a conocer a su familia. Yo estaba asombrado por el tamaño inmenso de los objetos en su casa. La mesa para comer era colosal. En mi plato, colocaron una cantidad tan abundante de comida, que me hubiera alimentado una semana. El gigante me ofreció un racimo de uvas, cada una era el tamaño de un durazno. Probé una y la hallé mucho más dulce que cualquiera que pudiera saborear en el ‘exterior’. En el interior de la tierra todas las frutas y verduras saben mucho mejor que las que tenemos en la superficie.


Nos quedamos con ellos por un año. Disfrutamos tanto de su compañía, como ellos de conocernos a nosotros. Observamos muchos fenómenos extraños e inusuales durante nuestra visita a estas personas increíbles. Sus avances científicos e inventos no dejaban de asombrarnos. En todo ese tiempo, jamás fueron antipáticos con nosotros, y nos permitieron retornar a nuestro hogar de la misma manera que llegamos. Es más, nos ofrecieron protección si la hubiéramos necesitado para el viaje.”


Otro noruego, llamado Olaf Jansen, registró una experiencia similar de una visita al interior de la tierra a través de las aberturas polares, pero totalmente independiente de la anterior, en un libro de un escritor americano, Willis George Emerson, The Smoky God. El libro se basa en un informe que Jansen le hizo al señor Emerson antes de morir, donde describe una experiencia verdadera de visitar el interior de la tierra y a sus habitantes.


El título The Smoky God (El dios que fuma) se refiere al sol central en el interior de la Tierra, que, al ser más pequeño y menos brillante que el nuestro, parece “ahumado”. El libro cuenta la experiencia verdadera de un padre e hijo escandinavos que, en su pequeño bote de pesca e inmenso coraje, intentaron encontrar “la tierra más allá del viento del norte”, ya que habían oído de su calidez y belleza. Una increíble tormenta de viento los llevó la mayor parte del camino a través de la abertura polar hasta el interior hueco de la tierra. Pasaron dos años allí y volvieron por la abertura polar sur. El padre perdió la vida cuando un iceberg se partió en dos y destruyó el bote.


El hijo fue rescatado. Pasó 24 años recluido por demencia, como resultado de contar la historia de su experiencia a gente incrédula. Cuando por fin le permitieron salir no volvió a contar la historia a nadie. Después de 26 años como pescador ahorró suficiente dinero para viajar a los Estados Unidos y establecerse en Illinois y, luego, en California.


Cuando tenía más de noventa años, por coincidencia, Willis George Emerson se convirtió en su amigo y conoció la historia. Al morir, le cedió los mapas que había hecho del interior de la tierra, y el manuscrito que describía la experiencia. Se negó a mostrárselos a nadie mientras vivía, debido a que, en el pasado, nadie le había creído y lo habían considerado demente.


El libro, The Smoky God, que describe el extraordinario viaje de Olaf Jansen al interior de la Tierra, se publicó en 1908. Cuenta sobre las personas que viven dentro de la Tierra, que él y su padre conocieron durante su visita, y cuyo lenguaje aprendió. El contó que vivían entre 400 y 800 años y que estaban muy adelantados en ciencia. Pueden transmitir los pensamientos de una persona a otra por medio de formas de radiación y tienen fuentes de mayor poder que la electricidad. Son creadores de los platillos voladores, que están operados por ese extraordinario poder, extraído del electromagnetismo de la atmósfera. Tienen una estatura de cuatro metros o más.


Es increíble la semejanza entre los relatos de esta visita y la otra, sin embargo las dos son independientes. Además, el tamaño gigante de los seres humanos que habitan en el interior de la Tierra concuerda con el de los animales que observó el Almirante Byrd (vio un animal semejante al antiguo mamut durante su viaje de 2.740 kilómetros más allá del Polo Norte). Más adelante en el libro, presentaremos la teoría de Marshall Gardner, de que los mamuts hallados en el hielo, en realidad no son prehistóricos, sino animales inmensos del interior de la tierra que fueron llevados a la superficie por los ríos y luego congelados en el hielo formado por el agua que los transporto.







http://www.las21tesisdetito.com/tierrahueca.htm#EL_DESCUBRIMIENTO_DEL_ALMIRANTE_BYRD_QUE_MARCÓ_UNA_ÉPOCA


martes, 28 de enero de 2014

AGHARTA, EL MUNDO SUBTERRÁNEO

La palabra Agriarla es de origen budista. Se refiere al Mundo o Imperio Subterráneo, en cuya existencia creen todos los budistas verdaderos. Ellos también creen que este Mundo Subterráneo tiene millones de habitantes y muchas ciudades, todas bajo el dominio supremo de la capital del mundo subterráneo, Shamballah. Allí vive el Gobernador Supremo del Imperio, conocido en el oriente como el Rey del Mundo. Se cree que él dio las órdenes al Dalai Lama del Tíbet, que fue su representante terrestre. Transmitió su mensaje por medio de determinados túneles secretos que conectaban el mundo subterráneo con el Tíbet. Hay agujeros semejantes en Brasil. Brasil, en el oeste, y Tíbet, en el este, parecen ser las dos partes del mundo donde se accede con mayor facilidad al contacto entre el Mundo Subterráneo y el mundo de la superficie, debido a la existencia de estos túneles.
El famoso artista, filósofo y explorador ruso, Nicholas Roerich, quien viajó mucho en el Lejano Oriente, sostenía que Lhasa, la capital del Tíbet, estaba conectada por un túnel con la ciudad de Shamballah, capital del imperio subterráneo de Agharta. La entrada al túnel estaba vigilada por lamas, que el Dalai Lama había hecho jurar que
mantendrían en secreto su paradero ante los extraños. Se creía que había un túnel similar que conectaba las habitaciones secretas en la base de la pirámide de Gizeh con el Mundo Subterráneo, por el cual los faraones establecían contacto con los dioses o “superhombres” del mundo subterráneo.
Las diferentes estatuas gigantes de los primeros dioses y reyes egipcios, como las de Buda, hallados en todo Oriente, representan los “superhombres” subterráneos que vinieron a la superficie para ayudar a la raza humana. Por lo general no tienen sexo. Eran emisarios de Agharta, el paraíso subterráneo al que todos los budistas desean llegar.
La tradición budista dice que la primera colo
nización de Agharta se produjo hace miles de
años, cuando un hombre santo condujo bajo la
tierra a una tribu que desapareció. Se supone que
los gitanos provienen de Agharta, lo cual explica
su deseo de moverse por la superficie de la tierra
y sus permanentes traslados para recuperar el
hogar perdido. Esto nos recuerda a Noé -que en
realidad era de la Atlántida- que salvó un grupo
merecedor antes del diluvio que sumergió a la A-
tlántida. Se cree que él llevó a su grupo a la alta
planicie de Brasil, donde se establecieron en ciu
dades subterráneas, conectadas con la superficie
por medio de túneles, para poder escapar del en
venenamiento de los residuos radioactivos, pro
ducto de la guerra nuclear que pelearon los atlan
tes, la cual originó el diluvio que sumergió su
continente.
Se supone que la civilización subterránea de Agharta representa la continuación de la civilización de la Atlántida que, al haber aprendido la lección de la inutilidad de la guerra, ha permanecido en paz desde entonces. Así, hicieron progresos científicos estupendos, sin las interrupciones y los inconvenientes de las guerras que sufre nuestra civilización. Aquella civilización tiene miles de años (la Atlántida se hundió hace 11.500 años), mientras que la nuestra es muy joven, sólo tiene unos siglos.
Los científicos subterráneos pueden manejar fuerzas de las que nosotros no sabemos nada, como demuestran sus platillos voladores, operados | por una fuente de energía nueva y desconocida, más sutil que la energía atómica. Ossendowski sostiene que el Imperio de Agharta consiste en una red de ciudades subterráneas, conectadas entre sí por túneles, por los que pasan vehículos a tremendas velocidades, tanto debajo de la tierra como del océano.
Estos pueblos viven bajo el reinado benigno de un gobierno mundial, encabezado por el Rey del Mundo. Representan a los descendientes del continente perdido de Lemuria y la Atlántida, además de la raza original perfecta de los Hiper-boreanos, la raza de los dioses. Durante varias épocas de la historia, los “superhombres” o dioses de Agharta vinieron a la superficie para enseñar a la raza humana y salvarla de las guerras, las catástrofes y la destrucción. La llegada de los platillos voladores poco después de la primera explosión atómica en Hiroshima representa otra visita semejante, pero esta vez no aparecieron entre los hombres los dioses mismos, sino emisarios.
En la épica hindú, el Ramayana, describe a Rama como un emisario de Agharta, que vino en un vehículo aéreo que probablemente era un platillo volador. Una tradición china habla de maestros divinos que vinieron en vehículos aéreos. El fundador de la dinastía Inca, Manco Capac, vino de la misma manera.
Uno de los maestros más importantes de Agharta en América fue Quetzalcoatl, el gran profeta de los mayas y aztecas y de los indígenas de América en general, tanto del norte como del sur. Sabemos que era un extraño para ellos, proveniente de otra raza (de la Atlántida), porque era de tez y cabello claros, alto y con barba, y ellos eran oscuros, pequeños y lampiños. Los indígenas de Méjico, Yucatán y Guatemala lo reverenciaron como a un salvador mucho antes que al hombre blanco. Los aztecas lo llamaron “Dios de la abundancia” y “Estrella de la mañana”. El nombre Quetzalcoatl significa “Serpiente emplumada”, es decir, maestro de la sabiduría (simbolizado por la serpiente), que vuela. Se le dio este nombre porque llegó en un vehículo aéreo, que parece haber sido un platillo volador. Es probable que haya venido del Mundo Subterráneo, porque luego de permanecer un tiempo con los indígenas, desapareció en forma misteriosa de igual manera como vino.
Se describe a Quetzalcoatl como “un hombre de buena apariencia y expresión seria, con una barba blanca y vestido con un ropaje largo”. También se lo llamó Huemac, por su gran bondad y moderación. Enseñó a los indígenas el camino de la virtud y trató de salvarlos del vicio al darles leyes y aconsejarles resistir a la lujuria y practicar la castidad. Les enseño el pacifismo y condenó todas las formas de violencia. Instituyó una dieta vegetariana, con maíz como el alimento básico, y les enseñó a hacer ayuno y a practicar higiene corporal. Según el arqueólogo de América del Sur, Harold Wilkins, Quetzalcoatl también fue el maestro espiritual de los habitantes de Brasil.
Luego de permanecer un tiempo con los indígenas y de comprobar lo poco que deseaban seguir sus enseñanzas, excepto por sus recomendaciones de plantar y alimentarse de maíz como alimento básico en lugar de la carne, Quetzalcoati partió y les dijo que algún día regresaría. Sabemos que este “visitante del Cielo” vino como se fue -en un platillo volador- porque cuando Cortés invadió Méjico, el emperador Moctezuma creyó que se trataba del anunciado retorno de Quetzalcoati. Lo creyó porque una bola de fuego giraba sobre la ciudad de Méjico, y todas las personas gritaban y aullaban y prendieron fuego al templo del dios de la Guerra: creían que esta bola de fuego era un platillo volador en el cual viajaba Quetzalcoati.
Osiris fue otro dios subterráneo. Según Don-nelly, en su libro Atlaatis: the Antedüiwian World, los dioses de los antiguos eran los gobernadores de la Atlántida y miembros de una raza sobrehu-
mana que gobernaba la humana. Antes de la destrucción de su continente, que habían previsto, viajaron en platillo volador a través de la abertura polar al Mundo Subterráneo en el interior hueco de la tierra, donde aún viven.
“El imperio de Agharta”, escribió Ossendows-ki en su libro Beasts, Men and Gods, “se extiende por túneles subterráneos a todas partes del mundo.” En ese libro habla de la vasta red de túneles construida por una raza prehistórica de la más remota antigüedad, que pasa debajo de océanos y continentes, por los que viajaban vehículos veloces. El imperio del que habla Ossendowski, y del que aprendió de los lamas del Lejano Oriente durante sus viajes en Mongolia, consiste en ciudades subterráneas bajo la corteza terrestre. Debemos diferenciar éstas de las que están situadas en el centro hueco de la tierra. Por lo tanto, existen dos mundos subterráneos, uno más superficial y otro en el centro de la tierra.
Huguenin, cuyo libro sobre platillos voladores y el mundo subterráneo mencionamos antes, cree que existen muchas ciudades subterráneas en diferentes profundidades, entre la corteza terrestre y el interior hueco. Con respecto a los habitantes de estas ciudades, escribe lo siguiente:
“Esta otra humanidad tiene un alto grado de civilización, organización económica y social y progreso cultural y científico. En comparación, la de la superficie terrestre es una raza de bárbaros.” En el libro, Huguenin muestra un diagrama del interior de la tierra, en el que se observan varías ciudades subterráneas en diferentes niveles de profundidad, conectadas entre sí por túneles. Las describe dentro de inmensas cavidades en la tierra. Dice que la ciudad de Shamballah, la capital del imperio subterráneo, está en el centro de la tierra, en el interior hueco, en vez de encontrarse en la corteza sólida. Escribe lo siguiente: ‘Todas las cavernas subterráneas de América están habitadas por gente antigua que desapareció del mundo. Estos pueblos y las regiones subterráneas donde viven están bajo la misma autoridad suprema del Rey del Mundo.
Tanto el océano Atlántico como el Pacífico, una vez fueron el hogar de los vastos continentes que luego se sumergieron; y sus habitantes hallaron refugio en el Mundo Subterráneo. Las profundas cavernas están iluminadas por una luz resplandeciente que permite el crecimiento de cereales y otros vegetales y les brinda una larga vida, libre de enfermedades. En este mundo, existe una gran población y muchas tribus”.
En su libro The Corning Race, Bulwer Lytton describe una civilización mucho más avanzada que la nuestra, que existe dentro de una gran cavidad en la tierra, conectada con la superficie por un túnel. Esta cavidad inmensa era iluminada con una extraña luz que no requería de lámparas para producirla, sino que parecía resultar de la electrificación de la atmósfera. Esta luz mantenía la vida vegetal y permitía a los habitantes subterráneos cultivar sus propios alimentos. Los habitantes de Utopía que Lytton describe eran vegetarianos. Tenían aparatos que les permitían volar en vez de caminar. Estaban libres de enfermedad y tenían una organización social perfecta, en la que cada uno recibía lo que necesitaba, sin la explotación de unos por otros.
Se afirma que la corteza terrestre está llena de redes de túneles que pasan debajo del océano de un continente a otro y a las ciudades subterráneas en grandes cavidades en la tierra. Estos túneles abundan en América del Sur, en especial debajo de Brasil, que fue uno de los principales centros de la colonización de los habitantes de la Atlántida, y podemos presumir fueron quienes los construyeron. El más conocido de estos túneles es el “camino de los Incas”, que se extiende por varios cientos de kilómetros al sur de Lima, Perú, y pasa debajo de Cuzco, Tiahuanaco y Tres Reos, en camino al Desierto de Atacambo. Otra rama se dirige a Arica, Chile, que fue visitada por Madame Blavatsky.
Se dice que los Incas utilizaron estos túneles para escapar de los conquistadores españoles de la Inquisición. Ejércitos enteros entraron en ellos, con llamas cargadas con oro y tesoros, cuando los primeros conquistadores llegaron. Esa entrada también explica su misteriosa desaparición en ese momento, que dejó atrás solamente la raza de los quechuas. Se cree que cuando Atahualpa, el último de los reyes Inca, fue asesinado por Piza-rro, el oro que era transportado en una hilera de 11.000 llamas cargadas halló refugio en estos túneles. Pensamos que tenían una forma artificial de luz y que estaban construidos por la raza que construyó Tiahuanaco mucho antes de que el primer Inca apareciera en Perú. Dado que nunca se volvió a ver a los Incas que entraron en estos túneles para escapar de los españoles, es probable que aún vivan en ciudades subterráneas iluminadas, a las que llevan los túneles.
Estos túneles misteriosos, un enigma para los arqueólogos, existen en gran número debajo del Brasil, donde se abren a la superficie en diferentes lugares. El más famoso está en las montañas Roncador, al nordeste del Matto Grosso. Allí se dirigía el Coronel Fawcett cuando fue visto por última vez. Se afirma que la ciudad de la Atlánti-da que buscaba no eran las ruinas de una ciudad muerta en la superficie, sino una ciudad subterránea con habitantes vivos; y se dice que él y su hijo, Jack, aún viven allí. Esto es lo que cree el profesor de Souza, el Comandante Strauss y O. C. Huguenin.
La abertura del túnel Roncador está vigilada por los feroces indígenas chavantes que matan a cualquiera que se atreva a entrar sin ser invitado, que pueda molestar a los habitantes subterráneos, a quienes ellos respetan y reverencian. Los indios murcego también guardan el secreto de las aberturas de los túneles secretos que llevan a las ciudades subterráneas en la región de las montañas Roncador del Matto Grosso. Citaremos una carta escrita al autor por un ciudadano estadounidense que vivió muchos años en la zona y estudió la materia, llamado Cari Huni:
“La entrada a las cavernas está vigilada por los indígenas murcego, una raza de tez morena, tamaño pequeño y extraordinaria fuerza física. Su sentido del olfato está más desarrollado que el de los mejores sabuesos. Aunque aprueben a una persona y le permitan entrar en las cavernas, me temo que esa persona estaría perdida para el mundo conocido, porque guardan el secreto con mucho cuidado y tal vez no le permitan salir. (Tal vez esto le haya ocurrido al coronel Fawcett y a su hijo Jack, quienes se cree entraron en un túnel, que lleva a una ciudad subterránea en las montañas Roncador, y nunca retornaron.)
“Los indígenas murcego viven en cavernas y
salen a la noche a las junglas que los rodean, pe
ro no tienen contacto con los habitantes subte
rráneos. Estos habitan una ciudad subterránea
donde forman una comunidad de población con
siderable que se autoabastece. Se cree que los
habitantes de la Atlántida construyeron las ciu
dades subterráneas. Una cosa es segura: no les
llegarán residuos radioactivos. Nadie sabe si
aquellos que viven en las antiguas ciudades sub
terráneas de la Atlántida son los mismos habi
tantes u otros que se establecieron allí luego de
que los constructores originales se fueron. El
nombre de las montañas donde existen estas
ciudades es Roncador, en el nordeste del Matto
Grosso. Si alguien va en busca de una de esas
ciudades, debe responsabilizarse de su propia vi
da, pues tal vez nunca regrese, como le ocurrió al
Coronel Fawcett.
“Cuando estuve en Brasil, oí hablar mucho sobre estas cavernas y ciudades subterráneas. Sin embargo, están muy lejos de Guiaba. Están cerca del Río Araguaya, que desemboca en el Amazonas. Están al nordeste de Guiaba, al pie de una cadena montañosa increíblemente larga llamada Roncador. Desistí de investigar más porque oí que los indígenas murcego vigilan, con gran celo, la entrada a los túneles, de personas que no estén suficientemente evolucionadas, pues no quieren problemas. Básicamente, no quieren a nadie que todavía esté engarzado en la comercialización y ambicione el dinero.
“Sé que una gran parte de los inmigrantes que ayudaron en la sublevación del General Isidro López en 1928, desapareció en estas montañas y nunca se vio de nuevo. Fue durante el mando del doctor Benavides, quien bombardeó Sao Paulo durante cuatro semanas. Luego declararon una tregua de tres días y permitieron que las 4000 tropas, que eran principalmente alemanes y húngaros, salieran de la ciudad. Alrededor de 3000 fueron a Acre, en el noroeste de Brasil, y aproximadamente 1000 desaparecieron en las cavernas. Oí la historia muchas veces. Si recuerdo bien, el lugar donde desaparecieron fue en el sur de la Isla Bananal (cerca de las Montañas Roncador).
“También hay cavernas en Asia, que mencionan los viajeros del Tíbet, pero hasta donde yo sé, las más grandes están en Brasil y existen en tres niveles diferentes. Estoy seguro de que obtendría
permiso si quisiera unirme a ellos, y que me aceptarían como uno de ellos. Sé que no emplean dinero y que su sociedad está organizada sobre una base estrictamente democrática. La gente no envejece y vive en armonía perpetua.”
Esta Utopía subterránea, que menciona el señor Huni (quien vive actualmente en Nueva York) se asemeja mucho a la descripta por Bulwer Lytton en su libro, The Corning Race. Lytton era un rosacruz y es probable que basara su novela en información oculta relacionada con ciudades subterráneas existentes.
Se hallaron ruinas de muchas ciudades de la primitiva Atlántida en el norte del Matto Grosso y el territorio de Amazonia, lo cual indica que los habitantes de la Atlántida colonizaron esta tierra alguna vez. Hace algunos años, un inglés, maestro de escuela, que oyó rumores de una ciudad perdida de la Atlántida, en un elevado altiplano de la región, fue a buscarla. Lo hizo, pero las dificultades del viaje le costaron la vida. Antes de morir envió una paloma mensajera con una nota que describía la ciudad magnífica que descubrió, en cuyas calles se alineaban altas estatuas doradas.
Si los habitantes de la Atlántida colonizaron Brasil alguna vez y construyeron ciudades en el Matto Grosso o en su superficie, ¿por qué cons-truyeron ciudades subterráneas allí? No pudo ser para escapar del diluvio que sumergió la Atlántida y las áreas alrededor, porque el Matto Grosso está en un altiplano, donde no podía llegar el agua. El arqueólogo de América del Sur, Harold
Wilkins, ofrece otra teoría: que las ciudades subterráneas fueron construidas para escapar de los residuos radioactivos que resultaron de una guerra nuclear que pelearon los habitantes de la A-tiántida. Esta parece una explicación muy razonable, pues no hay otra razón para llevar a cabo una labor tan difícil, como la de la excavación de la tierra y la construcción de ciudades subterráneas, cuando ya tenían ciudades magníficas en la superficie de la tierra.
En el momento que estemos en peligro de una guerra nuclear, nosotros también deberemos hallar refugio dentro de la tierra y vivir allí, en ciudades iluminadas, y producir alimentos bajo esta luz. Por supuesto que resultaría más fácil unirnos a las ciudades subterráneas existentes, construidas por los pobladores de la Atlántida hace miles de años -que nos superan en conocimientos de ingeniería- que construir las propias. Si pudiéramos establecer contacto amistoso con los habitantes subterráneos, cuando llegara la guerra -o inclusive antes- cuando los residuos radioactivos aumentaran y representaran un peligro para nuestra supervivencia, sería ventajoso tener contacto con estas ciudades subterráneas. Si nos admitieran, podríamos establecer residencia en ellas.
No existe la ancianidad en Agharta, tampoco la muerte. Es una sociedad en que todos lucen jóvenes aunque tengan varios siglos o miles de años. Esto parece increíble para los habitantes de la superficie, expuestos a los efectos dañinos dé la radiación solar y la autointoxicación por los alimentos de una mala dieta. Los síntomas de la vejez no son los resultados del paso del tiempo o de un proceso de envejecimiento, sino que se deben a condiciones y hábitos biológicos dañinos. La senilidad es una enfermedad, y dado que los habitantes de Agharta están libres de enfermedades, nunca envejecen.
Los dos sexos viven separados, y el matrimonio no existe. Cada uno es independiente y libre. Ninguno de los dos depende del sostén económico del otro. La reproducción se realiza por parte-nogénesis y los bebés nacidos de la virginidad son todos del sexo femenino. En esta civilización matriarcal, la mujer es considerada el sexo normal, perfecto y superior. La crianza de los niños está a cargo de maestros especiales, no de familias particulares. La*comunidad los mantiene, así como a las madres.
La cultura científica superi9r de la gente subterránea, cuyos platillos voladores son un ejemplo, es el resultado del desarrollo cerebral superior, de cerebros más poderosos. Esto se debe a que las energías vitales fluyen hasta el cerebro, en vez de disiparse por los canales sexuales, como ocurre entre las razas supuestamente “civilizadas” de la superficie. En realidad, la práctica sexual no forma parte de sus vidas. A raíz de la dieta vegetariana -de frutas básicamente- las glándulas endocrinas tienen un estado de equilibrio perfecto y funcionamiento armonioso, como ocurre en los niños, y no se ven estimuladas a la
actividad anormal por las toxinas metabólicas, como las producidas por la carne, las aves, el pescado y los huevos y afrodisíacos, como la sal, la pimienta, el café, el tabaco y el alcohol. Al tener la sangre pura y libre de toxinas, los habitantes subterráneos pueden vivir en continencia absoluta, conservar todas las energías vitales y convertirlas en poder cerebral superior. Sus logros científicos superiores resultan de que su cerebro es superior al nuestro en cuanto a desarrollo intelectual.
Conforman la raza que creó los platillos voladores. En cuanto a Agharta, el profesor Henrique J. de Souza, Presidente de la Sociedad Teo-sófica de Brasil y una autoridad en el tema del Mundo Subterráneo, publicó un artículo en la revista de la Sociedad bajo el título “Does Shangri-la Exist?”. Citamos las siguientes palabras:
“Entre todas las razas humanas, desde el principio del tiempo, siempre existió una tradición con respecto a la existencia de una Tierra Sagrada o Paraíso Terrenal, donde los ideales más elevados de la humanidad se realizaban. Este concepto podemos hallarlo en las escrituras y tradiciones más antiguas de los pueblos de Europa, Asia Menor, China, India, Egipto y las Améri-cas. Se dice que sólo las personas merecedoras, puras e inocentes pueden tener acceso a esta Tierra Sagrada. Por eso, constituye un tema central de los sueños de la niñez. El camino que lleva a esta Tierra Bendita, este Mundo Invisible, este Dominio Esotérico y Oculto, constituye la búsqueda central y la clave maestra de todas las en
señanzas de misterio y los sistemas de iniciación del pasado, presente y futuro. Esta clave mágica es el ‘Ábrete Sésamo’ que abre la puerta a un nuevo y maravilloso mundo. Los antiguos rosacruces lo designaron por una palabra francesa, Vitriol’, que es una combinación de las primeras palabras de la frase: ‘vista interiora terrae rectificando in-venes omnia lapidem’. Indica que ‘en el interior de la Tierra, hay un verdadero misterio oculto’. El camino a este Mundo Escondido es el Camino de la Iniciación. En la antigua Grecia, en los Misterios de Delfos y Eleusis, se hacía referencia a esta Tierra Paradisíaca como el Monte Olimpo y los Campos Elíseos. Además, en los primeros tiempos védicos, se lo llamaba por diferentes nombres, como Ratnasanu (‘pico de la piedra preciosa’), Harmadri (‘montaña de oro’) y Monte Meru (‘hogar de los dioses y olimpo de los hindúes’). Simbólicamente, el pico de esta montaña sagrada está en el cielo, su parte media está en la tierra y la base, en el Mundo Subterráneo.
“Las Eddas escandinavas también mencionan esta ciudad celestial, que estaba en la tierra de Asar de los pueblos de la Mesopotamia. Era la Tierra de Amenti del Libro Sagrado de los Muertos de los antiguos egipcios. Era la ciudad de los Siete Pétalos de Vishnu y la Ciudad de los Siete Reinos de Edom o Edén de la tradición judía. Es decir, era el Paraíso Terrenal. En toda Asia Menor, no sólo en el pasado, sino en la actualidad ^también, existe la creencia en la existencia de una Ciudad de Misterio, llena de maravillas, conocida
como Shamballah, donde está el Templo de los Dioses. También es la Erdami de los tibetanos y mongoles. Los persas la llamaron Alberdi o Arya-na, tierra de sus ancestros. Los hebreos, Canaan; y los mejicanos, Tula o Tolan; los aztecas la llamaron Maya-Pan. Los conquistadores españoles que llegaron a América creían en la existencia de una ciudad semejante y organizaron muchas expediciones para hallarla. La llamaron El Dorado. Es probable que se hubieran enterado de ella por medio de los aborígenes que la llamaban Manoa o Ciudad Cuyo Rey Viste Ropa de Oro.
“Para los celtas, esta tierra sagrada era conocida como la Tierra de los Misterios’: Duat o Da-nanda. Una tradición china habla de una Tierra de Chivin o Ciudad de una Docena de Serpientes. Es el Mundo Subterráneo, que está en las raíces del Cielo. Es la Tierra de los Calcas, Caléis o Kal-ki, la famosa Colchida que buscaban los argonautas cuando salieron en busca del Vellocino de Oro. En la Edad Media, se referían a ella como la Isla de Avalon, donde los Caballeros de la Mesa Redonda, con el liderazgo del Rey Arturo y la guía del mago Merlín, salieron en busca del Cáliz Sagrado, símbolo de obediencia, justicia e inmortalidad. Cuando el Rey Arturo fue seriamente herido en batalla, pidió a su compañero Belvedere que partiera en barco a los confines de la tierra, con las siguientes palabras:
“‘Adiós, Belvedere, amigo y compañero mío. Ve a la tierra donde nunca llueve, donde no hay enfermedad, y donde nadie muere.’ Esta es laTie-
rra de la Inmortalidad, o Agharta, el Mundo Subterráneo. Esta tierra es la Walhalla de los alemanes, el Monte Salvat de los Caballeros del Cáliz Sagrado, la Utopía de Thomas More, la Ciudad del Sol de Campanella, la Shangri-la del Tíbet y la Agharta del mundo budista.”
Ya dijimos que las ciudades subterráneas de Agharta fueron construidas por los atlantes como refugios contra los residuos radioactivos producidos por la guerra nuclear que habían peleado. También nos hemos referido a la teoría de Hugue-nin de que los platillos voladores eran aeronaves que este pueblo llevó al Mundo Subterráneo antes de que aconteciera la catástrofe que hundió la Atlántida. Abandonaron su hogar anterior en la cima de la montaña sagrada de cuatro lados en el centro de la Atlántida -Monte Olimpo o Meru, luego simbolizado en las pirámides truncadas de cuatro lados, en Egipto y Méjico- y viajaron por el cielo, por encima del Puente del Arco iris de la Aurora Boreal, a través de la abertura polar, al nuevo hogar en Walhalla, los palacios dorados de la ciudad de Shamballah, capital de Agharta, el Mundo Subterráneo. La mitología teutónica se refiere a la migración de los dioses-gobernantes de la Atlántida al Mundo Subterráneo, anterior a la destrucción de la Atlántida, como el “Gotterdam-merung”, o Crepúsculo de los Dioses. Hicieron el viaje en platillos voladores, que eran aeronaves de la Atlántida.
Mientras en los días de la Atlántida los platillos voladores viajaban en la atmósfera externa de la tierra, después de que entraron en el Mundo Subterráneo siguieron volando en la atmósfera interna, en el interior hueco. Después de la explosión atómica de Hiroshima en 1945, salieron a la superficie en cantidad para evitar una catástrofe nuclear. La tragedia que ocurrió a la Atlántida se debió a un desarrollo científico más adelantado que el moral. Esto originó una guerra nuclear que calentó la atmósfera, derritió las capas de hielo polares y produjo el diluvio que sumergió todo el continente. Un grupo de sobrevivientes, liderados por Noé, halló refugio en las alturas de Brasil -que era una colonia de los habitantes de la A-tlántida en ese momento- donde construyeron ciudades subterráneas, conectadas a la superficie por túneles, para impedir la destrucción a causa de los residuos radioactivos y la inundación.
Según Platón, la Atlántida se sumergió debido a una serie de inundaciones que llegaron a su climax hace aproximadamente 11.500 años. Alrededor de cuatro millones de habitantes perdieron sus vidas. Aquellos que eran más espirituales y fueron prevenidos escaparon a Brasil a tiempo. Se afirma que ellos o sus descendientes aún viven allí, en ciudades subterráneas.
En relación con esto, es interesante tomar en cuenta el libro de Julio Verne, A Journey to the Center ofthe Earth, que presenta una concepción similar sobre la formación de la tierra. Verne describe un grupo de exploradores que entró en un conducto volcánico y, luego de viajar durante meses, llegó al centro hueco de la tierra, a un nuevo
mundo con un sol propio que lo ilumina, océanos, tierra y hasta ciudades, construidas por los habitantes de la Atlántida. Verne creía que antes de la destrucción de la Atlántida, algunos de sus habitantes escaparon y colonizaron ciudades subterráneas en el centro hueco de la tierra. Dado que la mayoría de las predicciones de Verne luego fueron verificadas, es posible que ésta también se cumpla. Por supuesto que no por entrar en un conducto volcánico, sino por una expedición aérea a través de las aberturas polares hasta el interior hueco de la tierra.
Uno de los primeros colonizadores alemanes en Santa Catarina, Brasil, escribió y publicó un libro, en alemán antiguo, sobre el Mundo Subterráneo, con información obtenida de los indígenas. El libro describía la tierra como hueca, con un sol central. Decía que el interior de la tierra era habitado por una raza longeva, que vivía libre de enfermedades y se alimentaba con frutas. También sostenía que este Mundo Subterráneo estaba conectado con la superficie por medio de túneles abiertos en su mayoría, en la zona de Santa Catarina y alrededores en Brasil.
El autor invirtió seis años en la investigación y el estudio de los misteriosos túneles que abundan en Santa Catarina, obviamente construidos por una raza antigua, para llegar a las ciudades subterráneas. Las investigaciones continúan. En una montaña cerca de Joinville, los cantos corales de los hombres y las mujeres de la Atlántida se oyen en forma repetida, además del “canta galio” (gallo que canta), que es una indicación típica de la existencia de una abertura de túnel que lleva a una ciudad subterránea. No es un animal vivo el que produce el sonido, sino probablemente una máquina.
El explorador ruso, Ferdinand Ossendowski, autor de Beasts, Men and Gods, sostiene que los túneles que pasan por debajo de los Océanos Pacífico y Atlántico y de la tierra, son construcciones de hombres pertenecientes a una civilización preglaciar hiperbórea. Esta civilización floreció en la región polar en el momento en que el clima aún era tropical, una raza de “superhombres” que poseían poderes científicos de un orden superior y autores de inventos maravillosos, que incluían máquinas cavadoras de túneles, de las que no conocemos nada. Con estas máquinas, llenaron la tierra de túneles. Ahora, citaremos palabras del increíble libro de Ossendowski, donde cuenta sus propias experiencias en Mongolia, donde la creencia en el Mundo Subterráneo de Agharta, gobernado por el Rey del Mundo, quien reside en la ciudad sagrada de Shamballah, es universal:
“-(Deténgase! -dijo mi guía mongol, cuando cruzamos el altiplano de Tzagan Luk-. iDeténga-se! -Su camello se agachó sin que él se lo ordenara. El mongol levantó las manos en señal de adoración y repitió la frase sagrada: ‘OM MANÍ PAEME HUM’. Los otros mongoles detuvieron sus camellos de inmediato y comenzaron a rezar. ¿Qué ocurrió?, me pregunté, mientras detenía mi camello. Los mongoles siguieron sus oraciones
unos momentos y, luego montaron los camellos y continuaron. -Mire -dijo mi guía-, cómo los camellos mueven las orejas con terror, cómo se quedan inmóviles y alertas las melenas de los caballos y cómo los camellos y el ganado se agachan hasta el suelo. Note cómo las aves dejan de volar y los perros de ladrar. El aire vibra de dulzura y uno oye la canción que penetra los corazones de todos, los hombres, los animales y las aves. Todos los seres vivientes, llenos de miedo se detienen. Pues el Rey del Mundo, en su palacio subterráneo está profetizando el futuro de todos los pueblos de la tierra. -Así habló el anciano.
“En Mongolia, con las terribles montañas y las interminables mesetas, nació un misterio que preservaron los lamas amarillos y colorados. Los gobernadores de Lhasa y Ourga vigilaron esta ciencia y poseyeron estos misterios. Fue durante mi viaje al Asia Central que oí por primera vez sobre este Misterio de los Misterios. En un principio no le presté atención; pero luego, cuando pude analizarlo y compararlo con determinados testimonios, frecuentemente sujetos a controversia, sí. Los ancianos en el borde de Amyil me contaron una antigua leyenda, que decía que una tribu mongol, que escapaba de Genghis Khan, se escondió en una tierra subterránea. Luego, cerca del Lago Nogan, en la vecindad de Soyota me mostraron una puerta que servía de entrada al reino de Agharta. Un cazador había entrado a través de esta puerta y contó de su visita cuando volvió. Los lamas le cortaron la lengua para impedir-
le hablar sobre el Misterio de los Misterios. En su ancianidad, volvió a la entrada de la caverna y desapareció en el Mundo Subterráneo. Los nómades se emocionan siempre al recordar esto.
“Obtuve información más detallada de Hou-touktou Jelyl Djamsrap de Narabanch Kure. Me contó la historia de la llegada del Rey del Mundo todopoderoso a la puerta de salida del Mundo Subterráneo, de su aparición, de sus milagros y de sus profecías. Luego, comencé a comprender esta leyenda, esta hipótesis, esta visión colectiva, que -más allá de cómo la interpretemos- esconde no sólo un misterio, sino una fuerza real que gobierna e influye en el curso de la vida política del Asia. Desde ese momento, comencé mis investigaciones. El lama Gelong, favorito del Príncipe Choultoun Beyli, me describió el Mundo Subterráneo.
“Hace más de seis mil años -me dijo-, un hombre santo desapareció en la tierra, en compañía de una tribu de personas que nunca volvió a la superficie. Varios otros hombres, como Cakya-Muni, Undur-Ghengen Paspa, Baber y otros, también visitaron este mundo interno. Nadie sabe dónde hallaron la entrada. Algunos dicen que fue en Afghanistan, otros, que fue en la India.
“Todos los habitantes de esta región están protegidos contra el mal, y no existe el crimen dentro de sus límites. La ciencia se desarrolló con tranquilidad, sin interrupciones por la guerra, y libre de espíritu de destrucción. En consecuencia, el pueblo subterráneo pudo lograr un grado
de sabiduría mucho mayor. Estas personas componen un vasto imperio con millones de habitantes, gobernado por el Rey del Mundo, que domina todas las fuerzas de la naturaleza, puede leer lo que está dentro de las almas de cada uno y gobierna más de ocho millones de seres humanos, todos dispuestos a ejecutar sus órdenes.’
‘Todos los pasajes subterráneos en el mundo entero llevan al Mundo de Agharta. Los lamas dicen que todas las cavidades subterráneas en América están habitadas por esta gente. Los habitantes de los continentes prehistóricos sumergidos (Lemuria y la Atlántida) hallaron refugio y siguieron viviendo en el Mundo Subterráneo.
“El lama Turgut, que realizó el viaje de Ourga hasta Pekín conmigo, me dio más detalles: La capital de Agharta (Shamballah) está rodeada de villas, donde viven los Sabios Sagrados. Me recuerda a Lhasa, donde el templo del Dalai Lama se eleva por encima de una montaña rodeada de templos y monasterios. Su palacio está rodeado de los palacios de los gurúes, que controlan las fuerzas visibles e invisibles de la tierra, desde el interior hasta el cielo, y son los dioses de la vida y la muerte. Si nuestra alocada humanidad continúa sus guerras, tal vez vengan a la superficie y la transformen en desierto. Pueden secar los océanos, transformar los continentes en mares y hacer desaparecer las montañas. Viajan en extraños vehículos, desconocidos en la superficie, a velocidades increíbles, a través de los túneles dentro de la tierra. Los lamas encontraron vestigios de estos hombres en todas partes e inscripciones en las rocas; y vieron restos de las ruedas de sus vehículos.
“Cuando le pedí que me contara cuántas personas habían visitado Agharta, contestó: ‘Un gran número, pero la mayoría conservan el secreto todas sus vidas. Cuando los olets destruyeron Lhasa, uno de sus regimientos, en las montañas del sudoeste, llegó a los límites de Agharta y se los instruyó en sus misteriosas ciencias, por lo cual los olets y talmuts se convirtieron en profetas. Algunas tribus negras del este también entraron en Agharta y continuaron viviendo allí por siglos. Luego, fueron expulsadas del Mundo Subterráneo y volvieron a la superficie. Trajeron con ellos los conocimientos del misterio de la profecía con cartas y la lectura de las líneas de la palma de la mano. (Fueron los ancestros de los gitanos.) En una región determinada del norte de Asia, existe una tribu que está a punto de desaparecer y que frecuenta las cavernas de Agharta. Sus miembros pueden invocar a los espíritus de los muertos, que viven en el espacio’.
“Entonces, el lama se calló por un tiempo y, luego, respondió a mis pensamientos. Siguió: ‘En Agharta, los sabios escriben todas las ciencias de nuestro planeta y de los otros mundos en tablas de piedra. Los sabios de los budistas chinos saben eso. Su ciencia es la más avanzada y pura. Todos los siglos, los sabios de China se unen en un lugar secreto cerca del mar, montados en las espaldas de cien tortugas grandes que salen del
océano, para escribir las conclusiones de la ciencia divina de su siglo’.
“Esto me trae a la mente una historia que me contó un anciano asistente chino en el Templo del Cielo en Pekin. Me contó que las tortugas viven tres mil años sin aire ni comida. Por esa razón, todas las columnas del Templo del Cielo, de color azul, descansan en las espaldas de tortugas vivas: para que los soportes de madera no se
< pudran.
“Muchas veces, los gobernadores de Ourga y Lhasa envían embajadores al Rey del Mundo
; -dijo el lama bibliotecario-, pero no llegan a él.
• Sin embargo, un jefe tibetano, después de una batalla con los olets, llegó a una caverna, cuya entrada decía: ‘ESTA PUERTA LLEVA A AGHARTA’.
“Un hombre de hermosa apariencia salió de
> la caverna y le presentó una tableta dorada, con una extraña inscripción: ‘El Rey del Mundo aparecerá ante todos los hombres cuando llegue el tiempo de la guerra del bien contra el mal, pero el momento aún no ha llegado. Los peores miembros de la raza humana todavía no han nacido’.
“Chang Chum Ungern envió al joven Príncipe Pounzig como embajador ante el Rey del Mundo. El embajador retornó con una carta para el Dalai Lama de Lhasa. Lo mandó una segunda vez, pero el joven nunca regresó.”