© Rick Nease
La llamada entró un viernes a las seis de la tarde.

Antes de que cayera el sol, los agentes federales estaban vigilando la vivienda en Boca Ratón donde un grupo de personas estaban presuntamente secuestradas, de acuerdo con el informante anónimo.

Una hora más tarde más de una docena de personas bajaron de una camioneta blanca y entraron a la casa. Los agentes tocaron a la puerta.

"Cuando entramos observamos algunas cosas que no estaban bien", recordó Carmen Pino, un agente especial de Investigaciones de Seguridad Nacional, una unidad de la Policía de Inmigración y Aduanas (ICE) que participó en la operación. "La casa estaba muy sucia, había comida casi podrida en unas ollas en la estufa y había muchos colchones tirados en el piso en varios cuartos".

Esa misma noche, en el 2010, 39 trabajadores filipinos fueron rescatados de la esclavitud moderna en una de los mayores casos de tráfico de fuerza laboral en Florida.

Los rescates fueron el resultado de una operación del grupo de tráfico humano, uno de varios que el Departamento de Seguridad Interna mantiene en grandes ciudades del país para perseguir delitos de esclavitud moderna.

El grupo de agentes especializados fue creado oficialmente en el 2008, con oficinas cerca del Dolphin Mall.

Ese año ICE inició 432 investigaciones que resultaron en 126 condenas por cargos relacionados con el tráfico humano a nivel nacional. Para el 2013 la cifra de casos fue reportada en más del doble, con 894 investigaciones iniciadas que resultaron en 381 condenas.

El problema de la esclavitud moderna - el reclutamiento o secuestro de personas con uso de fuerza, chantaje o fraude para lucrarse de sus trabajos o servicios - es difícil de calcular debido al aura de temor y silencio que rodea el asunto. Las autoridades estatales y federales consideran al sur de Florida como una de las tres áreas principales en la industria que mueve más de $36,000 millones anuales.

El área ideal

La combinación del turismo, los repartos y hoteles de lujo, y las áreas rurales han convertido al sur de Florida en la receta perfecta para el tráfico humano, dijo Pino.

"Tienes a los trabajadores migrantes, a los trabajadores de servicio y domésticos", dijo. "Ademas está la demanda por trabajadoras sexuales y todos los puertos de entrada, por aire, tierra o mar".

A finales del 2010 la pareja filipina de Sophia Manuel y Alfonso Baldonado fueron sentenciados a 78 y 51 meses en prisión respectivamente por engañar a los trabajadores trayéndolos desde Filipinas con la oferta de un trabajo digno, y obligarlos a trabajar más de 16 horas diarias en clubes exclusivos del sur de la Florida. Manuel y Baldonado secuestraban los documentos de los trabajadores y los obligaban a vivir en condiciones infrahumanas - dándoles comida podrida y negándoles cuidado médico - en dos viviendas contiguas en Boca Ratón, en el condado de Palm Beach.

Los trabajadores estaban tan asustados por las amenazas de sus captores que tomó meses de entrevistas para que se sintieran cómodos denunciando los abusos a los que fueron sometidos, dijo el agente encargado del caso, cuya identidad no puede ser revelada por la sensibilidad de su trabajo.

"Muchos debían dinero en su país de origen porque tomaron préstamos para poder pagar las visas, pensando que era un trabajo legitimo", dijo el agente. "Entonces los captores los habían amenazado con hacerles daño a sus familiares en casa si hablaban".

Explotación Sexual

Entre los casos de tráfico humano más desgarradores están las historias de explotación sexual.

La pesadilla de una joven de 14 años comenzó en octubre del 2007 en México cuando su esposo la trajo ilegalmente a Estados Unidos, aparentemente sin decirle sus verdaderas intenciones.

Identificada en documentos del tribunal federal solo con las iniciales YB, la joven fue transportada primero de la frontera al barrio Queens de Nueva York, después a Atlanta, Georgia, y en febrero del 2008 a Miami, todo con el objetivo de que trabajara a la fuerza como prostituta. Su esposo la amenazaba y la golpeaba con regularidad para evitar que escapara, según registros de la corte.

Los documentos muestran también que YB usualmente empezaba a trabajar a las 10 de la mañana en burdeles en Homestead, West Palm Beach y Fort Myers cobrando $25 a cada cliente por sesiones de entre 15 y 30 minutos cada una. En una noche cada mujer recibía de 20 a 30 clientes, según documentos de la corte.

En una semana, por ejemplo, YB ganó aproximadamente $2,500 luego de atender a más de 100 clientes. Varias de las víctimas llevaban consigo pequeños cuadernos donde apuntaban teléfonos y fechas. Debajo de las fechas anotaban el número de clientes con los que habían tenido sexo ese día.

Según los investigadores, la mayoría de los clientes eran inmigrantes que trabajaban como jornaleros recogiendo frutas y vegetales en campos agrícolas.

Durante una de las audiencia del tribunal, una de las víctimas - que se identificó solo por las iniciales SJ - contó cómo tenía que soportar no solo el estar cautiva y las golpizas de sus captores, sino también el trabajo sexual que era obligada a hacer.

SJ dijo que el peor momento fue cuando la obligaron a tener sexo con inmigrantes que trabajaban en campos de cultivo de hongos en Pennsylvania.

"Fue realmente horrible", recordó SJ ante el tribunal. "Los hombres tenían heces en sus genitales y aún así tuve que realizar sexo oral".

Un fotógrafo y un reportero de el Nuevo Herald visitaron dos de las direcciones mencionadas en documentos de la corte donde operaban burdeles. Ambos eran pequeños apartamentos en casas de hormigón de un piso con poca iluminación y ventilación.

El caso salió a la luz pública en noviembre del 2008 cuando los investigadores de ICE arrestaron a cuatro personas acusadas de tráfico humano. Los arrestos causaron controversia porque los agentes de ICE también detuvieron a varios inmigrantes indocumentados en algunas de las casas que fueron requisadas con órdenes del tribunal.

El arresto de los indocumentados opacó en cierta medida la investigación del tráfico sexual, dijo el agente a cargo del caso.

"Ese no era el punto de la operación, sino salvar la vida de las víctimas", dijo el agente. "Es algo que aún me persigue".

Cambio de imagen

En la actualidad, ICE - a través del grupo que combate el tráfico humano - busca minimizar la dimensión migratoria de las operaciones. Los agentes que pertenecen al grupo dicen que cuando buscan rescatar a víctimas de los traficantes las tranquilizan diciéndoles que no tienen nada de que preocuparse en cuanto a su situación migratoria.

ICE generalmente brinda protección y otorga un estatus de inmigración temporal - llamado Presencia Continua - a las víctimas de tráfico mientras se investigan los casos. Algunas personas logran obtener visas después, tras cooperar con las autoridades.

En el 2011, los investigadores llevaron a juicio a otro grupo de acusados que estaban relacionados con el caso de tráfico sexual inicial. Este segundo caso involucraba a tres hombres que eran de la misma familia, Israel Cortés-Castro, Ernesto Cortés-Morales y Alberto Cortés-Morales.

Según la información proporcionada inicialmente por ICE, los investigadores descubrieron que los traficantes tenían a unas 10 mujeres trabajando a la fuerza en más de una docena de burdeles. Los cuatro detenidos fueron descritos también como "operadores" de burdeles en Homestead, Miami, Fort Lauderdale, West Palm Beach o Fort Myers.

Otro de los acusados, Arturo Rojas-González, fue encontrado culpable de transportar menores de edad para el propósito de ponerlas a trabajar como prostitutas y sentenciado a 10 años de cárcel, mas 15 de libertad condicional. En el otro caso, los tres hombres de la familia Cortés fueron hallados culpables en un tribunal y un juez en Miami los sentenció a 15 años de cárcel.

Castigar a los traficantes da esperanzas a los sobrevivientes de la esclavitud moderna, dijo el agente especial que dirigió el caso, y quien aún se mantiene en contacto con algunas de las mujeres rescatadas.

"Todas ya tienen hijos y una familia...que es algo que temen no podrán realizar por todo el abuso sexual al que son sometidas", dijo. "Siempre recuerdo que una de ellas me dijo que a pesar de que ya ha recuperado su vida, algunas veces cuando se maquilla frente al espejo, la asaltan los recuerdos de cuando se preparaba para ir a trabajar [en la prostitución]. Es algo difícil de superar".

Algunos agentes de la unidad hablaron con franqueza con el Nuevo Herald sobre cómo su trabajo afecta sus vidas diarias. Uno de ellos dijo que cuando se encuentra en lugares públicos ahora siempre mantiene una actitud de alerta.

"Cuando voy a un restaurante con mi esposa siempre estoy preguntándome ¿estará esta mesera aquí en contra de su voluntad?, y lo mismo pasa cuando dejo a mi esposa en el salón de las uñas", dijo. "Es algo que no puedo evitar, porque ahora sé que pasa en todas partes, a la vista de todos".

Mantenerse alerta es un buen hábito, incluso para el público en general, dijo Pino.

"Si hay algo que deseamos como agentes es que la gente empiece a mirar el tráfico humano con otros ojos y a darse cuenta de que está pasando alrededor de nosotros", recalcó.