domingo, 10 de agosto de 2014

24 mil científicos y ciudadanos firmaron contra maíz transgénico en México


24.450 personas en México, entre ellos, científicos, biólogos, químicos, profesores, académicos universitarios y ciudadanos, firmaron una carta dirigida al Presidente Enrique Peña Nieto, contra autorizaciones de siembra de maíz transgénico, según la Unión de Científicos Comprometidos por la Sociedad (UCCS).
La solicitud de firmas que apareció el 30 de marzo en el portal de UCCS, aspira juntar un millón de reclamantes. Aunque la cifra está aún lejana de la meta, en la lista destacan una gran cantidad de investigadores y profesionales conocedores del tema.
Los científicos divulgaron además el 9 de agosto que ya entregaron al Papa Francisco, otra carta, condenando los transgénicos.
“Quienes firmamos esta carta somos científicos y expertos que hemos investigado el tema por décadas, dedicando gran parte de nuestras vidas profesionales a ello, por lo que conocemos el tema en profundidad en sus diversos aspectos: como biólogos, agrónomos, genetistas, físicos y otras área”, escribieron al Papa.
“Estamos convencidos que el maíz transgénico es malo para México. Las empresas transnacionales que promueven estas semillas buscan ganar dinero. Para nosotros la salud del cuerpo y la salud de la Tierra no tienen precio, sabemos que el maíz transgénico va a contaminar nuestros maíces nativos si se siembra en México. Sabemos que esta contaminación no tendrá remedio una vez que comience. Sabemos que la contaminación significará la ganancia de unos cuantos, a costa de perjudicar a la mayoría de los mexicanos”, escribieron a su vez al Presidente
El documento que cuenta con 24.450 firmas relata que “al revisar las razones que nos da la ciencia, nosotros pedimos a usted escuchar también la voz de las comunidades indígenas, la voz de los campesinos y la voz de la gente de las ciudades que no queremos esas semillas”.
Se cita en el mismo la postura del Dr. David R. Shubert contra el maíz transgénico y su carta al presidente de México enviada a modo particular el año pasado. (Ver efectos de los transgénicos)
La carta al papa en cambio fue firmada por una científica de la Universidad de Viena, Ana María Primavesi; el argentino Dr. en Medicina Andrés E. Carrasco, investigador especialista en medicina molecular; y la conocida bióloga genetista mexicana Elena Álvarez-Buylla de la de la Universidad Nacional de México, entre otros investigadores internacionales como el canadiense Pat Mooney, los científicos y médicos brasileños Paulo Kageyama, Rubens Nodari y Vanderley Pignati; y la investigadora Vandana Shiva de la india.
La bióloga María Elena Álvarez-Buylla es también doctora en genética molecular por la Universidad de California en Berkeley, actual coordinadora del Laboratorio de Genética Molecular, Epigenética, Desarrollo y Evolución de Plantas del Instituto de Ecología, de la UNAM.
En una anterior entrevista ella se refirió a las afirmaciones de los productores de transgénicos, como Monsanto, sobre que éstos alimentos no constituyen peligro para la salud y respondió que “esto de que no hay riesgo de flujo génico es una mentira, su dicho es injustificado y es indignante que por razones de lucro y comerciales digan esto cuando está comprobado”.
“No hay estudios que indiquen riesgo cero de contaminación entre genes; los datos experimentales demuestran que los transgenes pueden viajar vía polen y semillas a distancias mucho mayores a los 300 metros”, advirtió la investigadora de la UNAM en declaraciones a Quo en 2011. Hoy hay numerosos otros estudios que avalan las preocupaciones de contaminación.
Durante años científicos de distintos países advierten los peligros que pueden significar estos productos. La bióloga Álvarez explicó que “si en la naturaleza ocurriera un intercambio libre de genes que dictan cómo se estructuran los genomas, células, tejidos y organismos no habría diferencias entre especies, entre una planta o una bacteria o un elefante. Si la evolución hubiera actuado como lo que se hace con la manipulación en transgénicos habría una gran sopa de genes sin diferencias entre especies. Lo que se está formando son quimeras biotecnológicas cualitativamente distintas al intercambio natural de genes”, explicó la integrante de la Unión de Científicos Comprometidos con la Sociedad (UCCS).
Además recordó que si los mexicanos están preocupados por algunas plagas, advirtió que los maíces transgénicos no destruyen las plagas que les preocupan, y que éstas se están controlando gracias a sus propias semillas criollas, que son las que están desarrollando en manera natural las defensas necesarias.
Álvarez-Buylla aseguró que “la solución no está en los transgénicos pues no aumentan los rendimientos ni son sustentables al generar nuevas plagas”, reportó Quo.
“Lo que están buscando es generar una dependencia tecnológica”, explicó la investigadora al referirse a productos transgénicos patentados por grandes compañías. Añadió que los agricultores vecinos a cultivos transgénicos pueden verse contaminados con estos productos y perder todas sus cosechas. Incluso ser demandados a pagar derechos de transgénicos que no buscó plantar, para lo cual documentó un caso.
Soya transgénica
En 2012, 819 científicos mandaron otra carta abierta, esta vez para pedir que no se autorice la siembra de soya transgénica en México. Fue dirigida al Secretario de Agricultura, Ganadería, pesca y Alimentación Javier Mayorga Castaneda; a Juan rafael Elvira Quesada, Secretario de Medio Ambiente; a Salomón Chertorivski, Secretario de Saud; Bruno Ferrari, Secretario de Economía y a José Villa, Director del Consejo Nacional de Ciencia y tecnología.
“En primer lugar, México es el sexto productor y tercer exportador mundial (85% a los países de la Unión Europea) de miel de abeja (Apis mellifera), por lo que 40.000 apicultores y sus familias dependen de la producción de miel”, destacó el documento citando cifras oficiales. En este sentido los científicos cuestionaron a los posibles efectos de los transgénicos en las abejas y destacaron que no había ninguna prueba de la coexistencia sin que sean afectadas.
Por Anastasia Gubin – La Gran Época

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