viernes, 7 de marzo de 2014

JUEGOS OLÍMPICOS Y NO TAN OLÍMPICOS

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JUEGOS OLÍMPICOS Y NO TAN OLÍMPICOS
Por Giulietto Chiesa - 7 de Febrero de 2014
Comienzan los juegos olímpicos de Sochi. Pero en el espacio entre el Cáucaso y el Mar Negro se jugará un partido mucho más vasto y diferente al de las competiciones. Se está desarrollando – alrededor de Rusia y adentro de Rusia – algo muy similar a una guerra. No se la puede llamar una Nueva Guerra Fría, porque hoy las cosas se presentan de otra forma y con otros jugadores. Pero hace pensar en las Olimpíadas de Moscú de 1980.
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Vladimir Putin Foto DyingrusssiWordpress.Com
En ese entonces el Occidente también se dividió. La intervención soviética en Afganistán, que comenzó en diciembre del año anterior, destapó las controversias. Washington estuvo ausente, junto a otros países. Italia estuvo presente, como casi todos los europeos, después de mucha indecisión y en medio de fuertes presiones.

Hoy el Primer Ministro Letta asistirá a la apertura, pero no habrá muchos líderes europeos: los que han sido protagonistas de las guerras de Libia y Siria, por ejemplo. Y los que han actuado en Ucrania.
En 1980 no había terrorismo en la Unión Soviética. Chechenia era una República cuya existencia todos ignoraban. Y el final de la URSS no era ni lejanamente imaginable, mientras que el Kremlin lo ocupaba un cenáculo de casi ochentones que administraba la “el equilibrio estratégico” entre Oriente y Occidente. El astro chino todavía no había surgido en el horizonte y su Jefe de Gobierno se llamaba Hua Guofeng, tan poco relevante – ante los ojos del mundo – como lo era Chechenia.
Sin embargo hay una guerra en curso. Uno de los premios en el podio– para quienes juegan contra Rusia – es demoler el prestigio de Vladimir Putin. Él ha deseado estas Olimpíadas, incluso para ganar un trofeo personal, una señal de que Rusia ha regresado grande y fuerte. Y Sochi le fue regalada porque se creía, en la capital del Imperio, que habría sido posible “resetear” las relaciones con Moscú, que se habían venido deteriorando cada vez más.
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Boris Yeltsin Foto CarlaymaruBlogsPot.Com
Entonces las Olimpíadas de Sochi han sido preparadas bajo un cielo róseo, y ahora se abre bajo un cielo plomizo. Sabemos que es lo que ha ocurrido en este breve lapso de tiempo, a pesar de que parezca que muchos no hayan entendido, ni percibido el gran cambio.

Vladimir Putin ya no es ese amigo en el que se creía que se convertiría. Y Obama ya no es el Presidente que se esperaba que fuera. Ha habido dos guerras intermedias, la de Libia y la de Siria, que han sido jugadas por el Occidente. En Agosto de 2008 tuvo lugar la guerra relámpago entre Georgia y Rusia. Europa se encuentra en una profunda crisis, pero ha encontrado el tiempo y la forma para abrir un nuevo conflicto en sus inmediatas fronteras del Este, activando los pródromos de una guerra civil en Ucrania.
En algunos de estos partidos, solo aparentemente secundarias (en Siria y en Ucrania, por ejemplo) Putin ha realizado unas movidas magistrales, que no le han gustado ni a Washington ni a Bruselas. Pero Putin ha tenido que afrontar manifestaciones masivas en las orillas del río Moscova, precisamente debajo de sus ventanas, de gente que no sabe en qué País está viviendo y que quiere cambiar de aire.
¿Es una oposición que nace, inédita, extraña, inesperada? Muchos en occidente, este año lo han esperado y esperan, probablemente equivocándose con los cálculos. ¿Cuántas veces el Occidente se ha equivocado al hacer sus cálculos con respecto a Rusia?
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Atletas en Sochi 2014 Foto ElComercio.Com
Y luego están los derrotados de la guerra de Chechenia, aquella que Yeltsin quiso y que Putin ganó, con toda la brutalidad de la que es capaz Rusia cuando decide ser brutal. Las bombas de Volgogrado son el ruido y la sangre de una venganza. Pero ese trotil viene desde lejos. Sabemos que los sultanes cargados de amenazas y de dinero han llegado hasta el trono de Putin.

Por lo tanto hay quienes apuntan no solo a incendiar Chechenia, sino todo el henil del Cáucaso: desde Daghestan, hasta Kabardino-Balkaria, hasta Ingushetia. Todavía hay fuego debajo de las cenizas del conflicto, no apagado, entre Georgia, por un lado, y Abkhazia y Ossetia del Sur por el otro. Está Ucrania, que podría precipitarse dentro de sí misma antes de caer en manos de una Europa incapaz de administrarla. Están los apetitos expansivos de la OTAN.
Y, lamentablemente, está la ilusión en algunos grupos dirigentes occidentales, incluidos los europeos, de que la Rusia de Putin siga siendo la de Boris Yeltsin. No es así. Si llegara a ocurrir algo desagradable en Sochi, o algo grave, no será algo sin consecuencias para todo el cuadro, ya plomizo, que estamos viendo.
El artículo fue publicado en el periódico il manifesto de hoy.
Extraído de: megachip.globalist.it

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