domingo, 15 de diciembre de 2013

Muerte masiva de animales en Alaska, ¿huellas de Fukushima?


Cientos de pájaros muertos aparecieron en las costas de la isla de Saint Lawrence, Alaska, a finales de noviembre. Aunque la causa de la mortandad se desconoce, algunos apuntan a Fukushima.
Además, se ha informado de que un gran número de osos polares, focas y morsas en Alaska está siendo afectado por pérdidas de pelo y llagas supurantes.
Si bien las autoridades afirman que la causa de ello es una extraña “enfermedad” o las “duras condiciones meteorológicas”, un informe de Alaska Public Media revela que la dimensión de los hechos puede estar relacionada con la catástrofe de Fukushima.
El informe detalla que, aparte de la gran cantidad de aves muertas, algo está provocando que un gran número de focas y morsas “pierdan el pelo y desarrollen llagas supurantes o úlceras de la piel”, entre otros síntomas.
Aunque ambas especies presentan síntomas similares, los científicos no saben aún si focas y morsas sufren la misma enfermedad. Asimismo, la población de salmón rojo de la zona está en un “mínimo histórico”, habiendo experimentado una disminución de más del 80% desde el año pasado.
La bióloga Lanza Barrett-Lennard expresó su preocupación por que los cambios en el ambiente oceánico estén provocando un comportamiento extraño y una tasa inusualmente alta de mortalidad. “Es evidente que algo muy raro está sucediendo” y algunos expertos señalan que no sería descabellado pensar que, al menos en parte, el desastre de Fukushima esté siendo la causa de todo esto.
Por su parte, el aventurero australiano Ivan MacFadyen mencionó que durante un reciente viaje por mar de Japón a San Francisco el océano parecía estar muerto. “He recorrido muchos kilómetros por el océano en mi vida y lo habitual es ver tortugas, delfines, tiburones y grandes bandadas de aves. Pero esta vez, durante más de 5.500 kilómetros no vimos casi ningún ser vivo”.
Recientemente la compañía operadora Tokyo Electric Power (Tepco) informó que los niveles de radiación en el agua subterránea bajo la planta japonesa de energía nuclear Fukushima-1 se elevaron a su nivel más alto desde el accidente en 2011 y que las fugas de agua contaminada continúan.

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