lunes, 27 de enero de 2014

Los fenómenos extremos se multiplican

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alejandro carra / madrid
Día 26/01/2014 - 15.52h

En el último mes se han batido récords de temperaturas altas y bajas en diversos puntos de ambos hemisferios y los científicos apuntan al cambio climático

Este pasado 2013 ha sido el más cálido en todo el planeta desde que se comenzaron a tomar datos en 1880. Si vamos más allá de la singularidad y buscamos la tendencia histórica, nos encontramos con que de los 10 años más cálidosde este periodo de 134 años, nueve corresponden al siglo XXI. Y el que queda descolgado del milenio, 1998, tampoco quedó precisamente lejos de sus colegas. Con estos datos del Instituto Goddard de la NASA, no queda mucho margen para el escepticismo sobre el calentamiento global. Un aumento de la temperatura del planeta que Christopher Field, director del Departamento de Ecología Global de la Carnegie Institution for Science y catedrático de la Universidad de Stanford (EE.UU.), advierte que provocará un «incremento del riesgo de padecer fenómenos extremos». Algo que este convulso invierno va confirmando.
Desde que el solsticio llegó, los fenómenos y calamidades meteorológicas se han sucedido a lo largo y ancho del planeta. Y ha dado lo mismo que se tratase del hemisferio norte, que del sur. Cuando ni siquiera ha llegado a su ecuador, este invierno que sufrimos ya se ha ganado su capítulo en los libros de registros «históricos».
Las sucesivas «ciclogénesis explosivas» originadas en el Atlántico Norte -«Dirk» y «Erich»- han dejado inundaciones en todo el sur del Reino Unido «como no se habían sufrido en más de dos décadas»; en España hemos visto «olas gigantes» que rompían «récord históricos de los últimos quince años» y en Francia han soplado vientos huracanadossobre los Pirineos Atlánticos de casi 230 kilómetros por hora, que en Bretaña y Normandía dejaron a 240.000 personassin suministro eléctrico.
En el otro extremo del termómetro, los moscovitas han disfrutado de un inicio del invierno «como no recordaban».Las temperaturas sobre cero que se han vivido en la parte europea de Rusia hicieron temer incluso por la nieve de los Juegos Olímpicos de Sochi y se enviaron camiones gigantes a las cumbres circundantes para recogerla. El Servicio Meteorológico de Rusia aseguró que con la que ha caído habrá suficiente nieve el 7 de febrero. Por si acaso, las autoridades han almacenado 16 millones de metros cúbicos del imprescindible elemento.

Vórtice polar

Al otro lado del Atlántico, el comienzo del invierno ha sido también extremo e histórico. El primer aviso lo dio justo antes de la Navidad una tormenta de hielo sobre la ciudad de Toronto, al sur de Canadá -no al norte- que los diarios regionales calificaron «como la peor de toda su historia», y que dejó a 250.000 personas sin electricidad. Y solo fue el inicio de una secuencia de olas de frío «históricas». Porque el 1 de enero, «Hércules» desplomaba el termómetro en esa misma ciudad hasta los 29 bajo cero y apenas una semana después le seguía el «vórtice polar», desplazado desde el Polo Norte por un frente de altas presiones del Pacífico que habitualmente nunca sobrepasaba Alaska, pero que en esta ocasión le abría el camino al ciclón ártico hacia el sur de Canadá y norte de Estados Unidos.
A su paso, todo el Medio Oeste y la región de los Grandes Lagos -cataratas del Niágara incluidas- quedaban convertidos en un gigantesco carámbano. Nueva York registraba temperaturas «nunca vistas en 118 años» y en zonas de Dakota del Norte y Minessota el frío y el viento dejaban sensaciones térmicas de 50 grados bajo cero. Más de 200 millones de norteamericanos se veían afectados por una secuencia gélida que el meteorólogo Ryan Maue presentaba bajo la afirmación de que «los que tengan menos de 40 años no habrán visto nunca una igual».
Tampoco está en la memoria de ninguno de los californianos un invierno como el que están viviendo. «Desde hacía un siglo», en este Estado de 40 millones de habitantes no se padecía una sequía como la que sufren; tanto que el gobernador, Jerry Brown ha declarado el estado de emergencia. Y estamos hablando de la temporada de lluvias, que aunque parezca increíble es en la que se encuentran. Cuando la época supuestamente «fresca y lluviosa» termine, y la primavera dé paso al verano, habrá que buscar un topónimo aún más siniestro para renombrar al infierno del «Valle de la Muerte».

El horno del cono sur

Pero si descontrolado anda el tiempo en el hemisferio norte, no están mejor las cosas al sur del ecuador. En Brasil, a la presidenta Rousseff le costaba esta pasada Navidad contener las lágrimas al observar desde el helicóptero la catástrofe de las inundaciones de los estados de Espíritu Santo y Minas Gerais, donde 50.000 personas tuvieron que abandonar sus casas por las «peores inundaciones de los últimos 90 años». Y cuando dejó de llover, fue para dar paso a unas temperaturas sofocantes. En Río de Janeiro la llegada del nuevo año trajo una ola de calor que provocó sensaciones térmicas de 50 grados; encontrar una ducha libre en las playas de Ipanema y Copacabana era poco menos que tarea imposible.
Más al sur del continente, el mazazo ardiente sufrido por los argentinos se ganó igualmente a pulso el calificativo de «histórico». En Buenos Aires, si el año 2013 se despidió con la ola de calor «más duradera de los últimos 107 años», este recién iniciado 2014 va ya por la tercera, y con sensaciones térmicas de 43,5 grados este pasado jueves. Pero peor ha sido en Santiago del Estero, al norte del país, donde se han alcanzado temperaturas de 50 grados, que es lo que suele medirse en los desiertos del Sahara o del Gobi. Al lado de estos registros, hablar del quinto año de sequía consecutivo de Chile y de las decenas de incendios que padece las regiones de Bío Bío y Maule, que han consumido 40.000 hectáreas, parecen algo normal. Pese a que el humo haya cubierto ya Santiago de Chile, la capital del país, y el presidente Santiago Piñera haya tenido que declarar la alerta sanitaria.
También en Australia están conociendo un invierno inolvidable. Melbourne padece la segunda ola de calor «más duradera desde 1830», Adelaida ha sufrido la segunda «más extrema desde 1939» y esta pasada semana todavía se luchaba contra incendios que han devorado en el Estado de Victoria 130.000 hectáreas, elevando lenguas de fuego por encima de los 40 metros, que viene a ser un edificio de quince plantas. Es probable que cuando los rescoldos se enfríen y se haga revisión de los datos, haya que cambiar lo de «segunda».

Más intensas, más frecuentes

Desde la Aemet, Fermín Elizaga, portavoz de la Agencia Estatal Meteorológica, subraya que «lo primero que hay decir es que la variabilidad climática siempre ha estado con nosotros. Los fenómenos extremos en diversas partes del mundo son habituales y antes de atribuir un fenómeno concreto al cambio climático hay que ser muy prudentes, pese a los conocimientos y herramientas científicas actuales. Lo que la mayoría de los científicos admitimos es que el cambio va a provocar un incremento en la frecuencia e intensidad de esos fenómenos extremos. Hay que tener en cuenta que por muy abrumador que parezca, dos décadas no son nada a nivel climatológico para algunas variables. Elúltimo informe del IPCC publicado en octubre 2013 asigna una probabilidad superior al 95% a la influencia del hombre en el calentamiento global y las variaciones que estamos viendo son consistentes con un mundo en calentamiento global. El cambio climático ya se ha producido, y con él un incremento en la frecuencia de los fenómenos extremos. Si antes se producía una ola de calor muy intensa cada 20 años, en el futuro serán probablemente cada 15, o menos».

No queda mucho tiempo

Carlos Duarte, investigador del CSIC, también es de la opinión de que una flor aislada no anuncia la primavera pero un campo florido sí. «Las primeras consecuencias concretas del cambio climático ya llegaron hace algunos años, con la pérdida de hielo en el Artico, que es una señal inequívoca. En cuanto a los fenómenos extremos, su atribución individual al cambio climático sigue siendo compleja, pero la agregación de condiciones climáticas extremas tiene valor de diagnóstico. En la ciencia del clima se están haciendo progresos importantes para poder atribuir, en un futuro próximo, los fenómenos individuales al cambio climático, pero por ahora nos hemos de contentar con la estadística. Un fenómeno extremo no anuncia el cambio climático, pero la agregación de muchos como estamos viendo estos años, sí lo hace», afirma este científico.
Sobre la velocidad a la que el cambio climático se está produciendo, Duarte muestra pocas dudas: «se están acelerando todos los indicadores: ritmo de aumento de temperatura global promedio, tasa de perdida de hielo, aumento del nivel del mar. Y lo están haciendo porque tambien lo hace el factor causal, que son las emisiones de CO2 y otros gases de efecto invernadero. Estamos perdiendo un tiempo vital para evitar que las consecuencias excedan los margenes en los que los impactos se pueden gestionar».

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