sábado, 15 de febrero de 2014

El Vaticano sigue encubriendo los abusos sexuales de religiosos

El Vaticano sigue encubriendo los abusos sexuales de religiosos 

por Roberto Montoya
Viernes, 14 de Febrero de 2014 10:48

El Vaticano sigue encubriendo los abusos sexuales de religiosos
Pederastia: Demoledora crítica de la ONU al Vaticano. La Organización de las Naciones Unidas acusa al Estado Pontificio de seguir encubriendo los abusos sexuales de religiosos.
Dos semanas atrás la comunidad internacional y numerosos medios de comunicación aplaudieron la iniciativa del Vaticano de enviar por primera vez un representante a Ginebra, el arzobispo Silvano Tomasi, para declarar ante la Comisión sobre los Derechos del Niño de la ONU sobre los incesantes casos de pederastia en los que se ven involucrados sacerdotes. Se lo vio como un síntoma más del aire fresco que aportaba el papa Francisco a la Santa Sede.

Pero ni bien abrió la boca el arzobispo Tomasi, todas las esperanzas se derrumbaron. "Son sin duda hechos especialmente graves", reconoció el religioso ante la Comisión, pero, acto seguido añadió: "Pero abusadores hay entre los miembros de las profesiones más respetadas del mundo".

Las palabras del enviado papal desconcertaron a los miembros de la Comisión de Naciones Unidas. Hicieron recordar mucho a aquellas palabras que pronunció sobre el tema en 2002 en una visita a España el cardenal Joseph Ratzinger, quien tres años más tarde sería nombrado papa Benedicto XVI: "Estoy convencido de que la presencia mediática constante de los pecados de los sacerdotes, es una campaña planificada meticulosamente. El porcentaje de esos escándalos no es superior que en otras categorías profesionales, incluso es menor. Se ve que hay un deseo expreso de desacreditar a la Iglesia".

Aquellas palabras, pronunciadas en la Universidad Católica de Murcia en momentos en que se acababan de revelar los escándalos de abusos sexuales de sacerdotes en Estados Unidos, dejaron atónitos a muchos. A otros no extrañó tanto, porque esas palabras provenían de quien fuera durante años Prefecto de la Sagrada Congregación para la Doctrina de la Fe, una institución supervisora, paradójicamente, de la correcta aplicación de la doctrina de la Iglesia, y heredera nada menos que de la Sagrada Congregación de la Romana y Universal Inquisición, de tan siniestra y temible historia.

Sin embargo, no se esperaba que doce años después de aquellas declaraciones del ultraconservador Joseph Ratzinger se escucharan palabras tan similares del enviado de un papa como Francisco, que tanta expectativa ha creado con los cambios promovidos en el seno de la Iglesia.

El papa argentino asumió como el 266º pontífice en marzo de 2013 y poco después ordenaba variaciones importantes en el Código Penal por el cual se rigen la Santa Sede y el minúsculo Estado Ciudad del Vaticano, enclavado en el centro histórico de Roma. Entre esos cambios, decididos tras su consulta con el G-8 papal, el grupo de ocho cardenales elegidos por él como sus principales asesores, figura un endurecimiento de la postura frente al abuso sexual de menores, y a la pornografía infantil, y se aplica tanto a los sacerdotes como a los embajadores -nuncios- y diplomáticos del Vaticano en todo el mundo.

Hace poco más de un mes, el Papa creó también una comisión especial sobre el tema, sin duda la lacra más importante que corroe a la Iglesia católica desde hace tantos años. Esa comisión tiene como cometido investigar cualquier denuncia sobre casos de pederastia en los que se vean involucrados religiosos, y de llevar a cabo pruebas de aptitud para los aspirantes a sacerdotes, controlando sus antecedentes penales y realizando evaluaciones psiquiátricas a los candidatos.

Sin embargo, la ONU encuentra una incongruencia entre esa nueva postura de la Santa Sede y la falta total de colaboración mostrada por el enviado papal en su reunión con la Comisión sobre los Derechos del Niño de la ONU. En el informe se dice: "La Comisión está gravemente preocupada por el hecho que la Santa Sede no haya reconocido la extensión de los crímenes cometidos; que no haya tomado las medidas necesarias para afrontar los casos de abusos sexuales a niños y protegerlos, y no haya adoptado unas prácticas públicas, lo que conduce a la continuación del abuso y a la impunidad de los perpetradores".
El texto, de una dureza inusual, añade: "Debido a un código de silencio impuesto a todos los miembros del clero bajo pena de excomunión, los casos de abuso sexual a niños rara vez han sido denunciados a las autoridades en los países donde ocurrieron". La Comisión exige a la Santa Sede que "retire inmediatamente a todos los miembros del clero que hayan cometido abusos sexuales a menores, o se tenga sospecha de ello, y los entregue a las autoridades civiles, en lugar de moverlos de parroquia en parroquia para tapar sus delitos".

Pero el Vaticano no está acostumbrado a que una institución civil como la ONU le dé un sermón y le critique públicamente por su incoherencia moral. "Hay que tener paciencia y no meterle prisa al Papa", dijo el cardenal Tarcisio Bertone, el anterior secretario de Estado de la Santa Sede, cuando se le pidió su opinión sobre el informe.

Fue la respuesta más suave de la Iglesia, pero el portavoz de la Santa Sede, el jesuita Federico Lombardi, contestó ofuscado desde las ondas de Radio Vaticana: "Lo más grave es que las observaciones han ido más allá de las competencias de la Comisión de la ONU, e interfieren en las posiciones doctrinales y morales de la Iglesia católica, dando valoraciones morales sobre la contracepción, el aborto o la educación en las familias y la visión de la sexualidad humana".

Y añadió: "El tono, el desarrollo y la publicidad dada a la Comisión y a su documento son absolutamente anómalos respecto del normal procedimiento con otros países".

Para Lombardi, "es grave que no se haya comprendido la naturaleza específica de la Santa Sede, que tiene una realidad totalmente distinta al resto de los Estados". El portavoz del Vaticano sostiene que en el texto de Naciones Unidas se comprueba que "se ha dado mayor atención a las organizaciones no gubernamentales (ONG), con prejuicios negativos hacia la Iglesia católica y hacia la Santa Sede, que a la posición de ésta, que es firmante de la Convención sobre los Derechos del Niño".

Todos los ojos están puestos ahora en Francisco, que no ha comentado todavía públicamente su parecer sobre el informe.

Precisamente, en los días en que se producía esta polémica, estaban reunidos en Roma para definir su futuro la congregación fundamentalista Legionarios de Cristo, envuelta en un macroescándalo de pedofilia del cual fue su principal responsable y protagonista su propio fundador, el mexicano Marcial Maciel, muerto con todas las bendiciones hace seis años. Muchas de sus víctimas, fundamentalmente seminaristas menores de edad, hoy adultos, critican que su sucesor, el también mexicano Eduardo Robles Gil, se haya limitado a hacer un breve mea culpa por "los gravísimos e inmorales abusos" de su predecesor, y que el papa Francisco haya autorizado sin más que los poderosos Legionarios de Cristo sigan en el seno de la Iglesia.
 

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